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| RECURSOS MUNDIALES 2000 | Índice general > Índice local 4 |
![]() Figura 4.41 |
4.5 Recursos en peligro (19/23) Cada vez menos rendimiento: la industria pesquera en peligro Las pesquerías mundiales se enfrentan a un futuro incierto. Cuarenta y cinco años de pesca cada vez más intensa han acabado con muchas poblaciones de peces, dejando a otras muy menguadas. A pesar de la progresiva atención de los responsables de las políticas públicas y de los representantes de las industrias pesqueras, los avances en pos de una mejor gestión de las pesquerías han sido lentos, y las políticas de los gobiernos y las fuerzas del mercado que respaldan la tendencia mundial a la sobreexplotación mantienen su primicía. El problema de la pesca excesiva e indiscriminada ya fue señalado a principios de este siglo. Sin embargo, antes de los años cincuenta el problema se circunscribía a unas pocas zonas, como el norte del Atlántico y del Pacífico y el mar Mediterráneo (1) (2). Con la expansión de la pesca global en los cincuenta, la explotación de las poblaciones mundiales de peces ha seguido unas pautas previsibles, avanzando a través de los océanos a medida que las diferentes zonas ofrecían el máximo de productividad para comenzar a descender después (véase tabla RR.3). Idéntico ciclo alza-declive se ha observado en la explotación de otros recursos renovables, desde los bosques a las ballenas. En efecto, los peces son las últimas criaturas silvestres que quedan por capturar a gran escala. El 60 por ciento de los recursos pesqueros más importantes "necesita un control urgente" con el fin de rehabilitarlos o de prevenir la sobreexplotación, según un análisis reciente de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Este análisis, basado en los datos de las capturas entre 1950 y 1994, revela que el 35 por ciento de los peces más importantes desde el punto de vista comercial acusan un fuerte descenso y demandan acciones inmediatas para detener el exceso de capturas. Otro 25 por ciento se halla asimismo en declive, pero está siendo pescado al límite biológico, con lo cual su vulnerabilidad dependerá de que se incremente el ritmo de capturas (3). Las capturas de las especies más castigadas han descendido en un 40 por ciento en tan sólo 9 años, pasando de 14 millones de toneladas en 1985 a 8 millones en 1994. Estas cifras no reflejan la realidad de ciertas variedades, como el bacalao del Atlántico Norte, el abadejo y la gallineta nórdica, que han sido esquilmados en algunas zonas del Atlántico Norte (4) (véase figura 4.41) Estos descensos condujeron a la Unión Mundial para la Naturaleza en 1996 a añadir nuevas especies, entre las que se incluyen el bacalao del Atlántico, el abadejo y alguna variedad de atún, en la influyente "lista roja" de especies cuya supervivencia está amenazada de algún modo (5). El pescado constituye un elemento importante dentro de la alimentación humana; pero además la pesca es una fuente de empleo de gran importancia en el mundo. Las tendencias actuales en cuanto a las capturas y a las condiciones en que se producen ponen en peligro ambas vertientes. El pescado aporta aproximadamente una quinta parte de las proteínas de la dieta humana, y es la primera fuente de proteínas para unos 1.000 millones de personas. La producción del pescado y sus derivados es mucho mayor que la producción global de aves, ganado vacuno o cerdo. Sin embargo, las nuevas tendencias apuntan a que la contribución del pescado a la canasta de los productos alimenticios globales puede disminuir en las próximas décadas a medida que aumenta la demanda y la producción desciende (6). En la actualidad se dispone de unos 80 millones de toneladas de pescado para el consumo humano. La FAO espera que la demanda aumente entre 110 y 120 millones de toneladas en el 2010, siguiendo el ritmo del crecimiento demográfico mundial. Según los cálculos de la FAO, la demanda podría satisfacerse solamente si se cumplen las expectativas más optimistas, con una acuicultura que duplique su volumen actual y con un control de la pesca que permita la recuperación de las poblaciones de peces. Sin embargo, lo más posible es que el crecimiento de la acuicultura sea moderado y que las capturas se mantengan en los niveles actuales o incluso desciendan, dejando así una brecha considerable entre la oferta y la demanda con la consiguiente subida de los precios del pescado (7) (8). |
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