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RECURSOS MUNDIALES 2000 Índice general > Índice local 4

4.5 Recursos en peligro (4/23)

Las cifras sobre la deforestación tampoco reflejan la reducción de los valores ecológicos y estéticos que se producen cuando las plantaciones reemplazan a los bosques naturales. Entre 1980 y 1995 las plantaciones forestales en los países desarrollados aumentaron desde aproximadamente 45-60 millones de hectáreas hasta 80-100 millones de hectáreas (9). En el mundo en vías de desarrollo la extensión de las plantaciones de bosques pasó de 40 a 81 millones de hectáreas en el mismo periodo. Más del 80 por ciento de las plantaciones del mundo en desarrollo se encuentran en Asia, donde la demanda de tableros de madera y papel está en pleno ascenso.

La calidad de los bosques en los países desarrollados también constituye una preocupación. La FAO indica que la superficie boscosa en Europa (sin contar a la antigua Unión Soviética) aumentó en más de un 4 por ciento entre 1980 y 1994 (10), pero las condiciones de los bosques empeoraron. Por causa de incendios, sequías, plagas y contaminación atmosférica. Más del 25 por ciento de los árboles analizados en un estudio de 1995 sobre las condiciones de los bosques europeos padece una defoliación considerable. Los resultados de los estudios anuales que se llevan a cabo en Europa muestran que el número de árboles completamente sanos ha caído de un 69 por ciento en 1988 a un 39 por ciento en 1995 (11).

El crecimiento demográfico, la mayor demanda de madera y leña, y la transformación de bosques en terrenos agrícolas (especialmente en África) son factores que contribuirán a un mayor impacto sobre los bosques mundiales en las próximas décadas. El resultado será una pérdida considerable de superficie boscosa, así como de su calidad, quedando los bosques restantes fragmentados como pequeñas manchas aisladas (12) (véase el siguiente apartado sobre los bosques fragmentados). La pérdida y degradación continuas de la masa forestal traerá graves consecuencias a nivel local, regional y global. La explotación y la tala de los bosques naturales están destruyendo el medio ambiente y el modo de vida de decenas de miles de indígenas. La desaparición de la capa boscosa representa asimismo una pérdida incalculable tanto de diversidad biológica como de servicios ecológicos, incluyendo el reciclado de nutrientes y la regulación de las cuencas hidrográficas, y clima.