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4.4 Los bienes comunes globales (13/16)

Lluvia ácida: aguacero sobre Asia

Aunque varios países han avanzado considerablemente en sus intentos por controlar las emisiones responsables de la lluvia ácida, la amenaza global de este fenómeno está lejos de haberse eliminado. De hecho, las dimensiones de este problema crecen con rapidez en Asia, donde se espera que las emisiones de dióxido de azufre (SO2) lleguen a triplicar en el año 2010 los niveles de 1990 si siguen las tendencias actuales. Para limitar el grave daño que se ha producido ya en Asia, y evitar males peores en el futuro se necesitaría invertir en medidas de control de la contaminación a una escala similar a como se ha invertido en Europa y América del Norte a lo largo de los pasados 20 años (1).

Hasta en los países desarrollados en los que ser ha hecho grandes esfuerzos por controlar la lluvia ácida, la cosa es mucho más complicada de lo que parecía en un principio. Los científicos siguen preguntándose por la magnitud del daño infligido a los bosques, lagos y torrentes durante décadas, al tiempo que reflexionan sobre los avances realizados, y sobre si éstos son suficientes para proteger los ecosistemas más vulnerables, y se preguntan por el tiempo que tardarán en recuperarse las zonas dañadas.

La lluvia ácida se convirtió en un problema reconocido en los años sesenta, cuando se advirtió que la vida se destruía en algunos lagos y bosques en la Europa septentrional, los Estados Unidos y Canadá. Fue una de las primeras cuestiones medioambientales para las que se pudo demostrar que afectaban a regiones muy extensas, ya que los principales agentes contaminantes, los óxidos de azufre (SOx) y nitrógeno (NOx) procedentes del consumo de combustibles fósiles eran transportados por los vientos a lo largo de cientos de kilómetros antes de caer en forma de lluvia, niebla o smog. Conforme se iba demostrando la relación entre la contaminación atmosférica y el daño ambiental comenzó a aplicarse una legislación específica para limitar las emisiones contaminantes. Tanto la Convención de Ginebra de 1979 sobre la Contaminación Transfronteriza de Largo Alcance como las enmiendas posteriores establecieron ciertos límites sobre la emisión de azufre y nitrógeno en Europa, que habrían de conseguirse a lo largo de los años, y que se han cumplido en su mayor parte. En los Estados Unidos, los proyectos de ley sobre el aire limpio (Clean Air Acts) de 1970 y 1990 han dado igualmente resultados positivos.