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4.4 Los bienes comunes globales (10/16)

Exceso de nutrientes: el desequilibrio del ciclo global del nitrógeno

Siendo un elemento indispensable en la arquitectura de las proteínas de plantas y animales, el nitrógeno es esencial para toda forma de vida. Pero es posible llegar a tener un exceso de algo que en sí es bueno. Según estudios recientes, el nitrógeno sobrante que procede de actividades humanas como la agricultura, la producción de energía y el transporte ha comenzado a saturar el ciclo natural de este elemento produciendo toda una serie de efectos no deseados, desde la disminución de la fertilidad del suelo, hasta la aparición de algas tóxicas (1)(2)(3).

Hasta hace poco, la provisión de nitrógeno disponible para las plantas (y, en última instancia, para los animales) había sido muy limitada. Aunque es el elemento más abundante en la atmósfera, las plantas no pueden utilizarlo si no se transforma químicamente en amoníaco o se fija o integra en compuestos de nitrato que las plantas puedan metabolizar. En la naturaleza, sólo ciertas bacterias y algas (y, hasta cierto punto, también los rayos) tienen dicha capacidad de fijar el nitrógeno atmosférico, y la cantidad que las plantas pueden aprovechar es en comparación muy pequeña. Además, existen otras bacterias que descomponen los compuestos de nitrógeno de la materia muerta y lo vuelven a liberar a la atmósfera. Por tanto, el nitrógeno es un bien escaso (un nutriente restringido) en la mayoría de los sistemas naturales vírgenes.

Pero todo ello ha cambiado en las décadas pasadas. Debido a un aumento en gran escala del uso de fertilizantes, la quema de combustibles fósiles y la deforestación progresiva o la habilitación de tierras para el cultivo, la cantidad de nitrógeno disponible para plantas y animales por lo menos se ha doblado desde la década de los cuarenta. En otras palabras, las actividades humanas producen ahora anualmente más nitrógeno fijo que los procesos naturales. El nitrógeno producido por el hombre llega a unos 210 millones de tm anuales, mientras que los procesos naturales proporcionan unos 140 millones de tm (4) (ver tabla CG.4).

Dicha afluencia de nitrógeno extra ha trastocado seriamente el ciclo natural de nutrientes, especialmente en los lugares en los que coincide la agricultura intensiva y un alto consumo de combustibles fósiles. En algunas zonas de la Europa septentrional, por ejemplo, los bosques reciben ahora diez veces más nitrógeno que el nivel natural, transportado por el aire y depositado en el suelo (5), mientras que los ríos costeros del nordeste de los Estados Unidos y la Europa septentrional reciben ahora veinte veces más nitrógeno, procedente de fuentes tanto agrícolas como aéreas (6). Los niveles de nitrato en muchos lagos noruegos se han doblado en menos de una década (7). Aunque bastantes de los lugares en los que se han detectado problemas vinculados al exceso de nitrógeno se sitúan en América del Norte y en Europa, la amenaza de este exceso tiene un alcance global, ya que tanto el uso de fertilizantes como el de energía están aumentando rápidamente en los países en vías de desarrollo. De hecho, la deposición global de nitrógeno puede llegar a doblarse en los próximos 25 años si la agricultura y el uso de energía siguen intensificándose (8).