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| RECURSOS MUNDIALES 2000 | Índice general > Índice local 4 |
![]() Figura 4.26 |
4.4 Los bienes comunes globales (6/16) El agotamiento del ozono estratosférico Desde 1987, la comunidad internacional ha hecho avances notables encaminados a eliminar la fabricación, el comercio y el uso de las sustancias destructoras de ozono como son los clorofluorocarbonos (CFC), habiendo disminuido el consumo global de estos productos químicos en más de un 70 por ciento (ver figura 4.26). De hecho, el Protocolo de Montreal se tiene como un modelo de movilización internacional ante una amenaza ambiental global. Pese a estos esfuerzos, la capa de ozono de la estratosfera no está segura todavía. El proceso de conversión de CFC a sustancias menos dañinas no se ha completado en las naciones industrializadas, y sigue estando en una fase temprana en muchos países en vías de desarrollo. Además, el ambicioso plan del Protocolo de Montreal, que tenía por objeto sustituir los productos químicos dañinos por otros inocuos para el ozono, se ve amenazado por el crecimiento reciente de un mercado negro que comercia con CFC, así como por las dificultades que han tenido algunos países de la Europa del Este para eliminar gradualmente la producción y el consumo de estas sustancias. Quizá lo más preocupante sea el aumento de la producción y el uso de CFC en algunas naciones que se están desarrollando rápidamente. La buena noticia es que la rapidez con que se ha pasado de los CFC y otras sustancias químicas que destruyen el ozono a otras inocuas ha sido mucho mayor de lo que muchos creían posible, dada la omnipresencia de estos productos en el comercio hace sólo una década. Tratándose de refrigerantes, agentes productores de espuma, disolventes, propulsores de aerosoles, extintores o agentes de limpieza, estos productos llegaban prácticamente a cada domicilio o lugar de trabajo de los países desarrollados. Sólo en los Estados Unidos, país que consumía un tercio de los CFC en el mundo cuando se firmó el Protocolo de Montreal, éstos representaban unos 28.000 millones de dólares USA en bienes y servicios, y resultaban esenciales para el funcionamiento de equipos e instalaciones por valor de unos 130.000 millones de dólares USA, por ejemplo, en refrigeradores o aparatos de aire acondicionado (2). A pesar de su uso extendido, la mayoría de los países desarrollados consiguieron cumplir la fecha límite de 1996 marcada por el Protocolo, para cesar la producción de CFC. |
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