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4.4 Los bienes comunes globales (1/16)

Al menos en un principio, el impacto de muchas actividades humanas se siente al nivel local o regional. El smog de las ciudades, la degradación de las cuencas hidrográficas, la pérdida de hábitat que sufre la vida silvestre son ejemplos de ello. Pero algunas actividades del hombre afectan a la Tierra a una escala mucho mayor. En esta sección se examinarán ciertos avances en las áreas del cambio climático, la reducción de la capa de ozono en la estratosfera y el ciclo global del nitrógeno. Estas tendencias reflejan algunas de las consecuencias de nuestro impacto en los bienes comunes globales: los sistemas y ciclos naturales que sostienen el funcionamiento de los ecosistemas en todo el mundo.

El mayor riesgo que amenaza los bienes comunes proviene sobre todo de la escala de las actividades humanas, más que de las actividades individuales en sí. Las emisiones de gas susceptible de crear el efecto invernadero que emita una única central térmica o una fábrica de automóviles difícilmente amenazarán por sí solas la atmósfera de la Tierra. No obstante, al multiplicarse estas fuentes a diversas magnitudes, sus efectos combinados se volverán globales. Hoy día, las emisiones de dióxido de carbono procedente de fuentes humanas (sobre todo por el consumo de combustibles fósiles) suman por término medio más de 7.000 millones de tonelas métricas (tm) de carbono al año, y han comenzado a alterar la dinámica del sistema climático del mundo.

A lo largo de los últimos 25 años, el uso global de la energía se ha elevado un 70 por ciento, y se espera que siga aumentando. Hay otras opciones disponibles que pueden satisfacer las necesidades de energía de todo el mundo sin que la emisión de gases que producen el efecto invernadero escape a nuestro control; no obstante, su desarrollo y uso a gran escala necesitarán del concierto y de la acción conjunta de la comunidad internacional. Hay más retos que requieren la atención del mundo. La lucha por reparar el daño cometido a la capa de ozono de la estratosfera no ha concluido en absoluto. La lluvia ácida se ha convertido en un grave problema en Asia, y el uso a gran escala de fertilizantes y el consumo de combustibles fósiles han trastocado el ciclo natural de los compuestos de nitrógeno que constituyen la base de la nutrición animal y vegetal. Estas amenazas se dan a una escala muy amplia, por lo que las medidas que pueda tomar una única nación no serán suficientes para reducirlas.