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| RECURSOS MUNDIALES 2000 | Índice general > Índice local 4 |
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4.3 Producción y consumo (9/13) Las empresas y las industrias: ¿se toman en serio la sostenibilidad? Hoy día la empresa se desenvuelve en un mundo profundamente distinto del de hace 30 años. La gestión medioambiental ya no es una cuestión relativamente sencilla que consiste en controlar la contaminación local. Hoy, a las compañías manufactureras se les puede pedir que asuman responsabilidades por los impactos causados por sus actividades en todas y cada una de las etapas que van desde la extracción de las materias primas hasta la eliminación del producto una vez terminada su vida útil, pasando por la distribución y la utilización por parte de los consumidores. Estos impactos a veces quedan distantes entre sí en el espacio e incluso en el tiempo. Los empresarios también tienen que enfrentarse con las expectativas de un público más concienciado sobre el medio ambiente, así como con la idea de que la reducción de los impactos medioambientales debe lograrse sin sacrificar la calidad o la función de los productos. Esta nueva serie de reglas de juego ofrece a las empresas progresistas oportunidades comerciales nuevas para distinguirse de la competencia basándose en criterios tanto de calidad del producto como de comportamiento medioambiental. Para estas empresas, los procesos de producción más limpios, los diseños más reciclables y los nuevos métodos de proporcionar servicios con menor derroche de materiales representan inversiones decididas en un mercado cambiante en el que los principios medioambientales han cobrado un mayor valor comercial. Pero estas compañías siguen siendo la excepción y no la regla. Los analistas de la industria distinguen una progresión natural en las fases por las que han pasado las empresas en lo que se refiere a su compromiso con las preocupaciones medioambientales desde la década de 1970. Las compañías comienzan por cumplir escuetamente las normativas medioambientales, y luego pasan a la gestión medioambiental encaminada a reducir las emisiones más allá de lo estrictamente exigible, y de ahí a preocupaciones más amplias relacionadas con la eficacia de los recursos y la minimización de los residuos. La última fase incluye la selección activa de objetivos que abarcan cuestiones medioambientales, sociales y éticas (1). A mediados de la década de 1990, la mayoría de las empresas seguían en la fase de cumplimiento escueto. Una estimación reciente es que menos del 20 por ciento de las compañías norteamericanas y europeas pueden considerarse activas en cuanto a su compromiso con la mejora de su comportamiento medioambiental con vistas a lograr objetivos de desarrollo sostenible. Estos objetivos se basan en que la riqueza y los modos de vida de hoy no se deben lograr a costa de las generaciones venideras (2). No obstante, las compañías que han adoptado una postura activa influyen en el desarrollo de nuevos conceptos y prácticas para reconciliar los objetivos empresariales y los de sostenibilidad. |
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