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| RECURSOS MUNDIALES 2000 | Índice general > Índice local 4 |
![]() Figura 4.20 |
4.3 Producción y consumo (5/13) El ciclo del papel. Cada uno de los pasos del ciclo de producción y consumo de papel está relacionado con una serie de posibles problemas. La mayor parte de la fibra de madera, de la que se hacen la pulpa y el papel, procede de bosques naturales gestionados para la producción de madera en Norteamérica, Europa y Asia, y de plantaciones distribuidas por todo el mundo. Tan sólo el 2 por ciento de la fibra de madera procede de los bosques tropicales húmedos y de los bosques de madera dura virgen de zonas templadas (8). A medida que aumenta la demanda, es previsible que aumente la presión sobre los bosques no gestionados, especialmente los bosques boreales de la antigua Unión Soviética, que hasta ahora se han mantenido casi intactos. Las plantaciones, que en 1993 suministraron el 29 por ciento de la pulpa de madera mundial, pueden ofrecer una solución (9)(10). En teoría, la demanda mundial actual de fibra de madera para hacer pulpa la podrían satisfacer las plantaciones de alto rendimiento, que ocupan un total de unos 40 millones de hectáreas (aproximadamente el tamaño de Suecia o de Paraguay), es decir, un área equivalente al 1,5 por ciento de la frontera forestal del mundo (11). Sin embargo, si se comparan con los bosques naturales, las plantaciones de cultivo intensivo a menudo suponen pagar un precio en términos medioambientales, sociales o estéticos. Fabricar pulpa y papel puede ser un proceso muy contaminante. Los efluentes de las fábricas incluyen una gama de materia orgánica, tóxica y clorada que afecta de forma adversa a la calidad del agua y puede ser letal para los peces. Aunque los productores de papel a gran escala en algunos países industrializados han conseguido un ciclo cerrado de blanqueado en el que no se vierte ningún efluente los problemas graves siguen siendo comunes en las fábricas pequeñas de los países en vías de desarrollo (12). La contaminación podría incluso empeorar en el futuro si se produce una escasez de fibra de madera, por causas físicas o económicas, especialmente en los países en desarrollo. La escasez podría fomentar un uso mayor de fibras no procedentes de la madera para la fabricación de papel, algo que ya está sucediendo de forma significativa en China y en India. Estas fibras, procedentes de cultivos como el cáñamo, o de los restos del procesamiento de la caña de azúcar, no son, sin embargo, sustitutos ideales de la pulpa de madera. Los productos agrícolas de este tipo generalmente requieren el uso de más fertilizantes y plaguicidas, que pueden a su vez causar más contaminación. El uso de fibras distintas a la de madera también hace que la recuperación química sea más difícil debido al elevado contenido de sílice en la materia empleada. Además, estas fibras son voluminosas, costosas de transportar y suelen estar disponibles sólo en ciertas estaciones (13) (14). No obstante, hay indicios alentadores de que los países en desarrollo pueden estar dispuestos a importar papel antes que incurrir en costes medioambientales tan elevados. Recientemente, China ha cerrado 50.000 fábricas de papel pequeñas, así como otras fábricas que producían niveles altos de contaminación (15) (16). En los países industrializados, la preocupación se ha orientado de igual modo, si es que no más, hacia los volúmenes de papel usado que se están generando, y que aumentan sin cesar. Deshacerse de los productos de papel en rellenos sanitarios produce emisiones de gas metano, que repercuten en el efecto invernadero. Además, se sospecha que la incineración de papel blanqueado con cloro libera dioxinas a la atmósfera. Cada vez resulta más difícil instalar centros de eliminación de residuos de cualquier tipo debido a la hostilidad de la población. Estos problemas, así como la conciencia que van adquiriendo los consumidores en cuanto al derroche en el uso de papel y los excesos en el empaquete, han hecho surgir varias iniciativas gubernamentales, privadas y voluntarias que pretenden aumentar el volumen de reciclado. Entre 1970 y 1994, el porcentaje de recuperación de papel ascendió del 23 al 37 por ciento; en ese mismo periodo, muchos países han logrado tasas de recuperación aún más elevadas (17) (véase figura 4.20). La utilización de papel se considera algo esencial para la vida moderna, y el ciclo actual del papel no se podrá considerar sostenible mientras no se hayan satisfecho las necesidades de la mayoría de la población en los países en vías de desarrollo. La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) estima que no existe peligro de crisis inmediata en lo que se refiere a satisfacer la demanda mundial de papel y pulpa a corto plazo. A largo plazo, sin embargo, el crecimiento previsto en la demanda de productos de la madera de todas clases probablemente exigirá introducir cambios en las prácticas de explotación de los bosques, como por ejemplo depender más de las plantaciones e incluso utilizar madera cultivada a menor escala en parcelas forestales y sistemas agroforestales (18). La mejora de los procesos en las fábricas de pulpa y de papel es una necesidad urgente tanto desde el punto de vista medioambiental como desde el de la salud. Los cálculos más conservadores indican que lograr que todas las fábricas del mundo llegaran a un "buen" nivel medioambiental podría requerir una inversión de unos 20.000 millones de dólares USA, más unos gastos de funcionamiento anuales de más de 8.000 millones (19). Sin embargo, en la actualidad la degradación y la contaminación forestales son más graves precisamente en las regiones en las que se prevé que la demanda de papel aumentará más, aquéllas en las que los recursos financieros y técnicos son limitados. En los países desarrollados, para lograr una mayor eficacia en los esquemas de consumo de papel, será necesario adoptar medidas adicionales, entre las que se habrán de incluir objetivos de reciclado obligatorios, programas de certificación o etiquetado que promuevan la utilización de productos de papel elaborados mediante procesos sostenibles, e incentivos económicos para la recuperación de papel. |
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