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Figura 4.17

4.3 Producción y cnsumo (2/13)

Malgastando los materiales del mundo: el impacto de las economías industriales

Qué hace falta para producir los bienes y servicios que sirven de soporte a nuestras vidas? Un estudio detallado sobre Alemania, Japón, los Países Bajos y los Estados Unidos demuestra que para las economías muy industrializadas el volumen total de recursos naturales necesarios puede ser sobrecogedor: puede estar entre las 45 y las 85 toneladas métricas de materias por persona y año (1).

Ese volumen resulta relevante hoy, porque la industrialización avanza rápidamente en muchos países, y va a desempeñar un papel muy importante en la cuadruplicación o quintuplicación de la economía global que se espera para los próximos 50 años. Pero ¿resulta sostenible? El modelo de producción basado en la explotación intensiva de los recursos que es habitual en los países desarrollados probablemente no se pueda aplicar en muchos de los otros países sin causar graves daños medioambientales (2).

Más concretamente, este tipo de producción a menudo implica mover o procesar grandes cantidades de recursos naturales primarios que luego no se utilizan en el producto final (véase figura 4.17). Por ejemplo, fabricar los automóviles y otros productos por los que Japón es muy conocido requieren mucho metal, implica extraer y procesar el equivalente de unas 14 toneladas de mena y minerales por persona y año (3). Producir la comida para alimentar a un solo residente de los Estados Unidos ocasiona unas 15 toneladas anuales de erosión del suelo. En Alemania, para producir la energía que se consume en un año es necesario extraer y volver a depositar más de 45 toneladas de ganga de carbón por cada ciudadano alemán, independientemente del carbón en sí o de la contaminación que éste produce al quemarse (4).

Estos flujos ocultos de materiales que resultan de la minería, el movimiento de tierras, la erosión y otras fuentes, en conjunto representa hasta el 75 por ciento del total de los materiales que utilizan las economías industriales, pero resulta fácil no tenerlos en cuenta porque no entran en las economías en forma de bienes para la compraventa, y por tanto no se contabilizan en el producto interior bruto de un país. Los flujos ocultos de materiales como la tierra o la roca quizá no sean tan tóxicos o perjudiciales para el medio ambiente como muchos residuos industriales, pero son bastante importantes en términos del impacto medioambiental total que causan las actividades industriales, puesto que representan una alteración del medio ambiente verdaderamente enorme(5).

Resulta significativo que los impactos causados por estos flujos ocultos, incluidas la alteración del paisaje y la contaminación del agua, a menudo se dejan sentir lejos de las economías que se benefician de ellos, ya que las economías industriales importan muchas materias primas de muy lejos. Más del 70 por ciento de los materiales que intervienen en la producción en la economía de los Países Bajos, por ejemplo, jamás han tocado el suelo de ese país. Esto incluye la ganga minera, la tierra erosionada, los desperdicios de la explotación forestal, y la tierra y la roca que hay que mover para sacar, en su lugar de origen, las materias primas que se utilizan en casi todos los procesos industriales holandeses. De modo parecido, el 50 por ciento de los movimientos de materias que contribuyen a la economía japonesa ocurre fuera de ese país (6).

Estos hechos suscitan graves inquietudes acerca de la equidad medioambiental y la economía global, ya que los beneficios y los costes de este tipo de producción industrial no se reparten de forma igualitaria. Aunque estas preocupaciones no son nuevas, la escala a la que se están dando estos movimientos de materiales hace que las veamos bajo un nuevo prisma.