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| RECURSOS MUNDIALES 2000 | Índice general > Índice local 4 |
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4.3 Producción y consumo (1/13) Las economías industriales modernas plantean una enorme demanda de materiales, y los efectos medioambientales que ocasiona ese consumo también son enormes. En las sociedades industrializadas, un ciudadano medio consume muchas toneladas de materias primas al año que es necesario extraer, procesar y, finalmente desechar en forma de residuos. En esta sección se analizan algunas de las repercusiones de los esquemas actuales de producción y consumo, y se examina cómo las empresas y los gobiernos están comenzando a adoptar prácticas que ayuden a reducir el precio medioambiental que nos impone el consumo. Una manera de medir la "huella medioambiental" que dejan las sociedades industriales es hacer un seguimiento del volumen y de la clase de materiales que fluyen por sus economías. Un esfuerzo reciente por hacer semejante recuento, del que se da cuenta en estas páginas, revela que la huella medioambiental que dejan las economías más industrializadas es asombrosamente grande, y que se extiende mucho más allá de los procesos industriales en sí y del momento del consumo. Esta tendencia continuada hacia un aumento en el consumo y unos impactos medioambientales de mayor alcance se percibe tanto en los países desarrollados como en los que están en vías de desarrollo. El análisis del consumo global de papel, por ejemplo, demuestra que el uso de productos de papel se ha triplicado en las tres últimas décadas, y se espera que volverá a aumentar en un 50 por ciento antes del año 2010. La faceta medioambiental del consumo se ve afectada no sólo por la creciente demanda, sino también por los cambios en los mercados y en los métodos de producción. El café es un ejemplo. Durante años, este producto se cultivaba en un entorno forestal mixto que proporcionaba un hábitat a las aves migratorias. Hoy día, sin embargo, los nuevos métodos intensivos de cultivo están reduciendo significativamente la cubierta forestal. Impulsados por las normativas sobre la contaminación, la presión de la opinión pública y la creciente conciencia de que un mejor comportamiento medioambiental puede resultar rentable, los esfuerzos por reducir el impacto de la industria y la agricultura están aumentando. La eficacia en el uso de los recursos está mejorando a la vez que disminuye el nivel de desechos de los procesos, gracias al uso de nuevas tecnologías, al rediseño de productos y la reconfiguración de procesos. Las nuevas técnicas de gestión tienden a extender la gama de responsabilidades empresariales hasta incluir los impactos medioambientales y sociales de los bienes y los servicios, incluso cuando se trata de comunidades o ecosistemas lejanos. Y sin embargo queda mucho por hacer. Lograr un crecimiento industrial que resulte sostenible -que sea viable a largo plazo tanto en términos económicos como ecológicos- es un objetivo que necesitará algo más que procesos industriales más limpios y eficaces. Los líderes empresariales y los analistas reconocen que será necesario reorientar los negocios de modo que las compañías puedan conseguir los éxitos empresariales tradicionales -mayor flujo de caja, más patrimonio y mayores ganancias sobre los activos- a la vez que contribuyen a mejorar los bienes públicos como el agua y el aire limpios, la comida sana, y los ecosistemas saludables. El subgrupo de compañías que está intentando decididamente reestructurar sus negocios siguiendo estas pautas es aún muy pequeño. |
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