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4.2 Alimentar al mundo (7/13)

La demanda de los consumidores de productos cosméticamente perfectos significa a menudo que muchos de los alimentos recolectados con éxito se malgastan. Un investigador agrícola advierte que la importancia de esos factores cualitativos está creciendo, y que alimentos que podrían haber sido aceptables antes pueden convertirse en "perdidos" ahora porque no responden a los estándares más altos de aceptabilidad (8). La demanda del producto perfecto es especialmente habitual en el mundo más rico. Una minúscula marca hecha por una abeja en los primeros momentos de vida de una pera puede descalificar el producto final a los ojos del consumidor. Un reciente revisión de los desechos de alimentos en los Estados Unidos informó que unos 43.000 millones de kilogramos de alimentos, o el 27 por ciento de los alimentos disponibles para el consumo de las personas en ese país, se perdieron en sólo tres etapas del proceso de comercialización, esto es, minoristas, servicio y consumidores.

El total no incluía las pérdidas en otros momentos de la recolección de los alimentos y del sistema de distribución (9). Sea cual fuere la causa, las pérdidas después de la recolección representan algo más que una simple pérdida de alimentos. Cuando se pierde el 20 por ciento de una cosecha, esto es sólo una parte del problema. También se malgasta el 20 por ciento de todos los factores que contribuyeron a la producción de esa cosecha: el 20 por ciento del suelo utilizado para producir los alimentos y el 20 por ciento del agua utilizada para regar, junto con el trabajo humano, las semillas, los fertilizantes y todo lo demás. En otras palabras, la pérdida de alimentos después de la recolección se traduce no solo en hambre y pérdidas financieras de los agricultores, sino también en un despilfarro ambiental.

Enfrentarse al problema de las pérdidas postcosecha es complicado porque éstas se producen de muchas maneras; sin embargo, algunos esfuerzos recientes parecen prometedores. Por ejemplo, una serie de estrategias se ha planteado como objetivo las pérdidas durante el almacenamiento de los alimentos, en especial justo después de la cosecha cuando la humedad interna de los alimentos está en proceso de reducción y son proclives a ser atacados por los insectos y otros patógenos. En un experimento en Benin, al sellar herméticamente los contenedores de almacenamiento de judías y de soja se asfixiaron las larvas de insectos que habían infestado las judías, recortando las pérdidas de manera sustancial. También en Benin, las pérdidas de ñame descendieron significativamente cuando los tubérculos se almacenaron en estructuras elevadas que mantenían un nivel de humedad ideal (10).

Los ingenieros del IRRI redujeron los daños de las ratas en el arroz instalando un simple seto de plástico alrededor de los arrozales, con un agujero cada 5 metros que conducía a una trampa. Una rata, al oler el arroz, nada a lo largo del seto hasta que encuentra el agujero, y la trampa.

Los expertos creen que los agricultores podrían recortar las pérdidas alterando los métodos de producción, como por ejemplo la recolección manual por la mecánica. Como sucede con todas las decisiones agrícolas, sin embargo, el coste de una mejora es un factor decisivo a la hora de adoptarla. El IRRI calcula el coste de su sistema para cazar ratas en 400 dólares por hectárea, y dura solamente unas pocas temporadas. Esto puede suponer un tercio o más del valor de una cosecha de arroz, y puede resultar demasiado caro para un agricultor (11).

Las políticas gubernamentales son también importantes para minimizar las pérdidas, especialmente cuando se trata de artículos como el arroz y el maíz. Según los agrónomos, las políticas que promueven un abastecimiento estable y suficiente de estas cosechas en un mercado abierto y competitivo estimulan a los productores de alimentos para ser más eficientes y conscientes de la calidad (12).