4.2 Alimentar al mundo (1/13)
En los últimos 30 años, la agricultura mundial ha experimentado un enorme progreso en la expansión del abastecimiento alimentario. Aunque la población mundial se ha duplicado en ese periodo, la producción de alimentos ha crecido incluso de una manera mucho más rápida, de modo que las tierras de cultivo y los pastos del mundo sostienen hoy a una población adicional de 1.500 millones de personas. Han sido especialmente significativos los logros en el mundo en desarrollo. El abastecimiento de alimentos per capita creció allí de menos de 2.000 calorías al día en 1962 a más de 2.500 calorías en 1995, impulsado por la combinación de mejores semillas, más regadíos y un mayor uso de fertilizantes y plaguicidas -lo que se ha conocido como la Revolución Verde-, así como por el rápido crecimiento de las importaciones de alimentos del resto del mundo.
La perspectiva de alimentar a 3.000 millones de personas más en los próximos 30 años supone incluso un reto mayor. A corto plazo, los expertos predicen que habrá un abastecimiento de alimentos global adecuado, pero que los problemas de distribución darán como resultado cientos de millones de personas desnutridas. A más largo plazo, una serie de problemas adicionales resultan preocupantes.
La tasa de crecimiento de la producción mundial de alimentos ha comenzado a descender. Además, las altas tasas de pérdidas de alimentos durante la cosecha, el almacenaje y la distribución persisten, elevando la necesidad de producción. La erosión y otros tipos de degradación del suelo continúan dejando inservibles millones de hectáreas para la producción. Sin embargo, ninguno de estos obstáculos es insuperable. El progreso en todos estos frentes será esencial para alcanzar la meta de intensificar simultáneamente la producción a la vez que se reducen los costes ambientales, y de asegurar que esta abundancia de alimentos sea más equitativamente compartida entre todos los pueblos del mundo.