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4.1 La población y el bienestar humano (9/11)

Inversión en educación y salud públicas. A pesar de la evidencia de que los gastos públicos y privados en los servicios sociales básicos parecen aportar los mayores beneficios de capital en tanto en cuanto promueven el crecimiento del PIB, los niveles de inversión han crecido muy despacio y de forma errática en las últimas décadas. El gasto público en educación ha caído, en proporción con el producto nacional bruto, en muchas regiones del mundo desde la década de 1980. Los presupuestos militares han caído también en la mayor parte del mundo en desarrollo pero permanecen estables comparados con los de educación (13).

La financiación pública de la sanidad y la educación está aumentando de forma creciente debido a la inversión privada. En muchos países industrializados, los gobiernos se enfrentan a amenazadoras crisis fiscales propiciadas por la crecientes demandas de los sistemas globales de bienestar. Se exige a los individuos, por tanto, o contribuir más al estado para los sistemas de educación y sanidad públicas o buscar alternativas privadas. En muchos países en desarrollo se exige a los ciudadanos pagar la mayor parte de los gastos de los servicios sociales, pero muy pocos de ellos tienen posibilidades de hacerlo. Entre los países de renta baja, por ejemplo, los recursos privados suponen el 80 por ciento de los gastos totales en educación en Haití y aproximadamente el 60 por ciento en Uganda y Vietnam (14). En tales situaciones, la mayoría pobre de la población tiene unas oportunidades educativas bastante limitadas.

No hay, hasta ahora, pruebas de una tendencia significativa para cambiar el gasto hacia la provisión de servicios sociales básicos en el África subsahariana, donde los gastos públicos están sesgados (15). Subir el nivel de inversión en el capital humano allí, y en partes del sur de Asia y América Latina, resultará esencial si se quiere invertir la tendencia actual de creciente pobreza, subempleo y degradación de los recursos. Sin embargo, algunos gobiernos en estas regiones están comenzando a gastar más en educación primaria y atención sanitaria, y estos programas proporcionan ejemplos alentadores para otros. Una serie de países han alcanzado mejoras en el desarrollo humano muy por encima de su nivel de renta, gracias a políticas sensatas que responden a las necesidades de la gran mayoría de sus ciudadanos.

El estado de Kerala, en la India, es un buen ejemplo. A pesar de tener una renta y un crecimiento de la productividad bastante bajos desde 1970, los ciudadanos de Kerala disfrutan de una esperanza de vida similar a la de Hungría y una tasa de alfabetización comparable a la de Noruega. En 1991, la tasa de fertilidad había descendido a 1,8 niños por mujer, por debajo de la tasa de reposición (16). Prácticamente todos los habitantes de las aldeas tienen acceso a una escuela y a una clínica de salud moderna en un radio de 2,5 kilómetros. En la mayor parte de las aldeas disponen también de periódicos y equipos de telecomunicación. Estos éxitos son el resultado de un fuerte compromiso político hacia una educación y una atención sanitaria generalizadas, que data del siglo XIX. Un apoyo importante ha provenido de las políticas sociales que han logrado una distribución de la tierra relativamente equitativa, un sistema de distribución de alimentos eficaz, y un derrumbamiento del restrictivo sistema de castas. La actitud hacia la mujer ha sido inteligente; las chicas superan a los chicos en la educación superior, y Kerala ha sido el primer estado de la India donde una mujer ha ocupado la Presidencia del Tribunal Superior de Justicia, la Consejería de Sanidad y la Consejería de Obras Públicas. La inversión social parece dar resultados. La tasa de crecimiento anual de la renta per capita fue aproximadamente el doble de la de la India entre 1987 y 1992 (17) (18).