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Figura 4.8




Figura 4.9

4.1 La población y el bienestar humano (8/11)

Los logros educacionales en el mundo han mejorado de forma significativa en los últimos 30 años; la proporción de niños escolarizados ha aumentado y los programas de alfabetización de adultos han ayudado a expandir las destrezas básicas de la lectura (véanse figuras 4.8 y 4.9)

La distancia entre los géneros (la diferencia de atención educacional entre chicos y chicas) se ha acortado también en todos los niveles educativos, habiéndose realizado el progreso más importante en los estados árabes, seguidos del sudeste asiático y América Latina (6). Sin embargo, alrededor de dos terceras partes de los 840 millones de adultos analfabetos en el mundo son mujeres (7). En el África subsahariana, la distancia entre los géneros en las tasas de la alfabetización de los adultos y en la enseñanza superior está todavía creciendo. Esta situación tiene implicaciones graves en la salud infantil y en la garantía de la alimentación, dado que las mujeres en las zonas rurales de la región son casi las únicas responsables de la nutrición de los niños y producen hasta el 80 por ciento de los alimentos básicos (8) (9).

La salud humana ha mejorado también de forma significativa en las décadas recientes. Globalmente, la esperanza media de vida ha aumentado hasta los 65 años, y la brecha en lo que se refiere a la esperanza de vida entre los países desarrollados y en desarrollo se ha reducido casi a la mitad desde 1960 (10). Las enfermedades como la polio, la lepra y el tétanos neonatal pueden quedar erradicadas en un futuro próximo (11). Las tasas de mortalidad infantil han caído en todas las regiones. A pesar de esta mejora, las enfermedades infecciosas siguen siendo la causa principal de muerte de niños de menos de 5 años en todo el mundo, y han aparecido nuevas enfermedades como el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) y nuevas variedades de fiebres hemorrágicas (12). Desafortunadamente, los países menos desarrollados han experimentado las mejoras más pequeñas en los indicadores claves de la salud humana, y la brecha entre ellos y los países en desarrollo está aumentando en general.