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RECURSOS MUNDIALES 2000 Índice general > Índice local 4

4.1 La población y el bienestar humano (6/11)

La migración internacional

La migración internacional, que incluye tanto la migración voluntaria por razones económicas u otras cualquiera como el movimiento involuntario de los refugiados, está en alza. Los datos son dudosos y las tendencias son difíciles de trazar, pero, de acuerdo con la ONU, al menos 120 millones de personas (excluidos los refugiados) vivieron o trabajaron fuera de su propio país en 1990, en comparación con los 75 millones aproximadamente de 1965. La tasa de crecimiento de la inmigración anual más abrupta ha tenido lugar en los países en desarrollo, y aproximadamente la mitad de toda la inmigración internacional se produce dentro del mundo en desarrollo. No obstante, los residentes nacidos en el extranjero suponían solamente el 1,6 por ciento de la población total de los países en desarrollo en 1990, pero el 4,5 por ciento de la población de los países desarrollados. En la actualidad, por ejemplo, el crecimiento de la población en los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) depende no de las tasas naturales de crecimiento sino en gran medida de la inmigración (1) (2). Entre 1990 y 1995, el 45 por ciento del crecimiento total de la población en los países desarrollados se debió a la inmigración. En Europa, la proporción fue del 88 por ciento (3).

Considerando los movimientos involuntarios, el número de refugiados en el mundo se duplicó entre 1984 y 1991, aunque desde entonces ha descendido de unos 18 millones en 1993 a unos 14 millones en 1996, en parte como resultado de los programas de reasentamiento (4). Sin embargo, el número de refugiados queda eclipsado por el incremento del número de personas desplazadas en el interior, esto es, aquellos que han sido forzados a huir de sus casas por conflictos armados, persecuciones o desastres naturales o provocados por el hombre, pero que permanecen dentro de las fronteras nacionales. A causa del número creciente de guerras civiles y conflictos locales, el número de personas desplazadas en el interior alcanza en la actualidad a unos 30 millones, principalmente concentrados en unos 35 países. África es la región más afectada, con unos 16 millones de personas desplazadas en el interior (5) (6). Sudán, donde viene teniendo lugar una guerra civil desde hace 15 años, tiene el número más elevado de desplazados en el mundo, calculado entre 3.500.000 y 4.000.000. La lucha entre ejércitos rebeldes rivales, así como entre rebeldes y el gobierno en el norte del país, ha destruido los depósitos de cereales y ha forzado a las personas a salir de pastizales y zonas de pesca (7).

La degradación ambiental y la escasez de recursos pueden contribuir a provocar la migración masiva. El crecimiento de la población, la escasez de tierras y un ciclo de sequía e inundaciones han favorecido la inmigración ilegal de más de 10 millones de bengalíes -quizás 20 millones incluidos sus descendientes- a los estados indios vecinos desde Bangladesh. Este flujo ha propiciado resentimientos locales: más de 4.000 personas fueron asesinadas en una serie de violentos enfrentamientos a comienzos de la década de 1980. Las tensiones continúan en la actualidad (8).

Muchos gobiernos contemplan la inmigración cada vez más como un problema, a pesar de que el trabajo de los inmigrantes beneficia a menudo tanto al país emisor como al receptor (9). La idea de la identidad nacional, las diferencias culturales y los miedos al desempleo contribuyen a crear hostilidades reales y potenciales entre los inmigrantes y los nacionales. El porcentaje de gobiernos que consideran el nivel de inmigración en sus países como demasiado elevado ascendió del 6 al 21 por ciento entre 1976 y 1996; en los países desarrollados, el 29 por ciento considera la inmigración demasiado elevada (10). No obstante, la inmigración, legal o ilegal, parece que va a continuar.