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2.9. El plomo (1/3)

Aparte del humo, el plomo es seguramente la toxina de origen humano más antigua, pues se remonta al menos a 8.000 años, cuando ya se tiene noticia de los primeros hornos de fundición de plomo (179). Hoy el envenenamiento por plomo sigue siendo la enfermedad evitable más significativa, asociada a una toxina medioambiental y laboral (180).

El riesgo de la exposición al plomo varía dependiendo de donde uno viva. En Bangkok, Ciudad de México y Yakarta la exposición procede sobre todo de los escapes de los automóviles; sin embargo, en el centro de Chicago y Washington, D.C., la exposición está asociada al plomo contenido en la pintura de las casas (181). Por lo general, la exposición del ser humano al plomo procede de las fuentes siguientes: el uso de la gasolina con plomo; el uso de pinturas con plomo como base; las tuberías y cañerías de plomo; las industrias en cuyos procesos interviene el plomo, como la minería, las fundiciones y la combustión del carbón. Otras fuentes adicionales incluyen las soldaduras en los botes y latas de alimentos, barnices de cerámica, baterías y cosméticos (182).

El plomo resulta especialmente tóxico para el cerebro, los riñones, el sistema reproductor y el cardiovascular. La exposición puede provocar deterioro en el funcionamiento intelectual, daños en el riñón, esterilidad, abortos e hipertensión (183). El plomo es muy peligroso para los niños. Diferentes estudios han demostrado que distintos grados de exposición pueden reducir de modo significativo el coeficiente intelectual (CI) de los niños en edad escolar; algunos cálculos indican que cada 10 microgramos por decilitro de incremento de los niveles de plomo en la sangre acarrea una reducción de entre 1 y 5 puntos en el CI de los niños expuestos (184). También se ha venido asociando la exposición al plomo a comportamientos agresivos, delincuencia y desórdenes de la atención entre niños cuyas edades van de los 7 a los 11 años (185). En los adultos la exposición al plomo redunda en una mayor presión sanguínea e hipertensión, que puede dar lugar a un incremento de las enfermedades cardiovasculares.

Al contrario que otros productos químicos cuyo impacto sobre la salud en dosis bajas es aún poco conocido, se sabe que en el caso del plomo la exposición, incluso en niveles muy bajos, es fuertemente tóxica (186). Aunque 10 microgramos por decilitro de sangre se considera que es el nivel a partir del cual el impacto sobre la salud es considerable, los científicos no han identificado aún el nivel por debajo del cual no se aprecien efectos adversos (187) (188). Varios estudios han detectado problemas apreciables en el aprendizaje en niños cuyos niveles eran muy bajos, del orden de 5 a 10 microgramos por decilitro (189).

Las exposiciones a niveles peligrosos para la salud son muy comunes tanto en los países en vías de desarrollo como en los industrializados (véase tabla 2.5). Entre los niños urbanos de los países en desarrollo, la mayoría de los menores de 2 años tiene unos niveles superiores a los 10 microgramos por decilitro, según señalan los estudios realizados al respecto (190). Una encuesta basada en 17 estudios llevados a cabo en diferentes partes de China demostró que entre el 65 y 99,5 por ciento de los niños que vivían en áreas industriales y de mucho tráfico, tenían niveles de plomo en la sangre por encima de 10 microgramos por decilitro. Incluso fuera de esas áreas de mayor riesgo el 50 por ciento de los niños chinos acusaban niveles de plomo excesivos (191). En África, a pesar de tener unos índices de industrialización y de tráfico relativamente bajos, la exposición al plomo se ha convertido en un problema grave. En Nigeria, por ejemplo, se calcula que entre el 15 y el 30 por ciento de los niños de áreas urbanas tienen niveles de plomo superiores a 25 microgramos por decilitro (192).

Las repercusiones para la salud son especialmente notorias entre la población más pobre tanto de los países en desarrollo como en los desarrollados, porque las exposiciones en sí son mucho mayores y porque la población puede ser más susceptible. En las áreas urbanas, por ejemplo, los pobres viven en las proximidades de las carreteras principales, donde la exposición a las emisiones de los vehículos es mayor. Igualmente tienden a instalarse en casas viejas, en las que es mayor el riesgo procedente de las pinturas a base de plomo. Además, se cree que el plomo es absorbido más fácilmente por el estómago cuando éste se encuentra vacío y cuando la dieta carece de elementos esenciales, tales como hierro, calcio y zinc (193).