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Cuadro 2.5



2.7. Los contaminantes orgánicos persistentes (2/3)

Los Grandes Lagos

Muchas de las pruebas que ponen de manifiesto determinados efectos sobre la salud originados por los PCB y otros POP han sido obtenidas en la región de los Grandes Lagos en Estados Unidos. La cuenca de los Grandes Lagos, en la que viven 36 millones de habitantes, ha sido durante muchos años una de las zonas agrícolas e industriales más importantes del país. Hasta los años setenta los POP, los metales pesados, los hidrocarburos poliaromáticos (PAH por sus iniciales en inglés) y otros contaminantes se depositaban habitualmente en los lagos (149). En los años setenta y ochenta la gente comenzó a observar efectos nocivos en los peces, en las aves y en los mamíferos, efectos que tenían que ver con la reproducción, con cambios de índole bioquímica, con malformaciones congénitas y con el descenso demográfico (150).

Estos hallazgos dieron lugar a grandes campañas de limpieza, de tal modo que desde principios de los setenta los niveles de contaminantes descendieron de forma drástica hasta en un 90 por ciento (151) (152). Sin embargo, algunos de los compuestos más nocivos aún están presentes en concentraciones importantes. Los gobiernos de Estados Unidos y Canadá estudian conjuntamente el grado de incidencia de estos contaminantes sobre la población que vive en torno a los lagos (153). Un dato importante acerca de este estudio es que la vía más importante de exposición a estos agentes químicos es la de los alimentos contaminados, tales como la carne procedente del ganado local y el pescado capturado en esa misma zona. Los resultados iniciales demostraron que una buena parte del pescado de los Grandes Lagos destinado al consumo contenía compuestos de mercurio y PCB capaces de dañar el sistema neurológico del feto en desarrollo (154).

Los niños están sometidos a un riesgo mayor que los adultos porque la primera exposición tiene lugar tanto dentro del vientre materno como a través de la leche de la madre. La exposición in utero a los PCB se ha asociado a déficits en el crecimiento fetal y postnatal, a anomalías neurológicas congénitas, a retrasos en el desarrollo de las funciones motoras y a la reducción de la memoria en los niños (155). Un estudio reciente de la región de los Grandes Lagos vino a demostrar que estos defectos tienen su continuidad en la edad escolar, dando lugar a cocientes intelectuales más bajos, a déficits en la memoria a corto y largo plazo, y a reducciones considerables en la capacidad de atención de los alumnos (156). Resultados similares se han podido documentar entre los niños de Taiwan cuyas madres habían ingerido aceites de arroz contaminados con PCB y dibenzofuranos (157). Estos productos químicos también provocaron daños en el sistema inmunológico.

Debido a que los investigadores han documentado abundantes efectos sobre la reproducción de la fauna expuesta a los contaminantes de los Grandes Lagos, la preocupación se extendió a los posibles efectos relacionados con la reproducción de los seres humanos. Hasta la fecha no se han hallado pruebas suficientes como para demostrar que los contaminantes ambientales perjudican las funciones reproductivas humanas a los niveles actualmente considerados en la población general en torno a los Grandes Lagos (158) (véase cuadro 2.5).