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| RECURSOS MUNDIALES 2000 | Índice general > Índice local 2 |
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2.7. Los contaminantes orgánicos persistentes (1/3) La amplia diseminación de los POP en el medio ambiente está generando un clima de preocupación internacional creciente. Los POP, o componentes orgánicos de larga vida que se presentan cada vez más concentrados a medida que ascienden en la cadena alimenticia, son capaces de viajar miles de kilómetros a partir del punto en el que fueron liberados (140). Si bien los POP abarcan una amplia gama de contaminantes, una buena parte de la investigación se circunscribe a 12 productos químicos (o clases de productos químicos) que incluyen los PCB industriales, las dioxinas policlorinadas y los furanos (productos residuales desechables como consecuencia de procesos diversos), y los pesticidas como el DDT, el clordano y el heptacloro (141) (142). Aunque su uso está restringido en la mayoría de los países desarrollados, muchos POP aún se fabrican en Estados Unidos y en otras naciones industrializadas para su exportación y uso generalizado en países en vías de desarrollo (143). Una reciente encuesta llevada a cabo en 60 países mostró que la mayor parte de ellos aún producían, importaban o exportaban nueve de los POP objeto de estudio. En África, por ejemplo, tan solo dos países habían prohibido el uso de clordano, dieldrin, o heptacloro (144). Los riesgos que suponen los POP industriales para la salud pueden ilustrarse a través de los PCB, una extensa familia de más de 200 componentes. Fabricados primero en Estados Unidos en 1929, los PCB muy pronto se extendieron a la producción industrial por su capacidad para conducir el calor sin conducir electricidad. A medida que la electricidad se generalizó durante la primera mitad de este siglo, los PCB se fueron usando como aislantes en frigoríficos, condensadores y en la fabricación de aislantes eléctricos y fluidos hidráulicos (145). En 1989 la producción mundial de PCB (excluida la Unión Soviética) había alcanzado 1,5 millones de toneladas (146). En 1994 sólo dos países habían prohibido totalmente los PCB y otros seis habían restringido de alguna manera su uso (147). Al igual que sucede con otros muchos productos químicos, los niveles elevados de exposición a los PCB suponen un grave peligro para la salud. En 1968 tuvo lugar una importante intoxicación generalizada en Japón como consecuencia de una contaminación a gran escala de PCB en aceite de salvado de arroz. Más de 1.700 personas enfermaron y unas 20 murieron. Un envenenamiento parecido ocurrió en Taiwan en 1979, con más de 2.000 víctimas reconocidas oficialmente (148). En el caso de niveles de exposición más bajos, los efectos sobre la salud no son tan evidentes. Aun así, los estudios efectuados sobre animales en el campo y en el laboratorio, y otros estudios clínicos y epidemiológicos centrados en el ser humano, indican que la exposición a los PCB puede dar lugar a disfunciones en el sistema inmunológico, déficits neurológicos, anomalías reproductivas, incidencias en el comportamiento y cáncer. |
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