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| RECURSOS MUNDIALES 2000 | Índice general > Índice local 2 |
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Cuadro 2.4 |
2.4. La transformación de los suelos (1/1) La conversión de la tierra en suelo cultivable todavía está teniendo lugar en muchos países en vías de desarrollo y es probable que continúe. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) pronostica que las áreas destinadas a usos agrícolas podrían aun duplicarse en África y en Asia Occidental para el año 2050, y subir en un 25 por ciento en la costa asiática del Pacífico, si bien una mayor inversión en la gestión agrícola y en tecnología en las áreas agrícolas ya existentes podría hacer que las cifras mencionadas anteriormente fueran más bajas (109). Una buena parte de esa conversión se orientaría hacia las zonas forestadas. En realidad, la transformación de las áreas de bosque en espacios de aprovechamiento agrícola constituye ahora mismo la principal causa de la desaparición de los bosques en los trópicos e incluso en algunas zonas templadas, incluyendo China (110). Una quinta parte de las grandes superficies boscosas mundiales podría ser transformada en zona de cultivos y pastos (111). Por desgracia, la conversión de los suelos -especialmente la transformación de los bosques- tiene una gran incidencia en determinadas enfermedades infecciosas, incluyendo malaria y leishmaniasis. La tala de bosques con frecuencia da lugar a nuevos hábitats, como por ejemplo depresiones en las que el agua se estanca y donde mosquitos, pulgas y garrapatas pueden reproducirse. A menudo, en los límites de las áreas boscosas se produce un fuerte contacto entre los agentes patógenos propios del bosque mismo y la población humana. Por ejemplo, el mosquito Anopheles dirus, que cría y se reproduce en charcas a la luz del sol a lo largo de los bordes parcialmente talados de los bosques, es un agente muy efectivo en la transmisión de la malaria, transmisión particularmente notoria en los límites boscosos de amplias zonas del sur y sureste de Asia (112). La tala de bosques para pastos de ganado vacuno en algunas partes de la región india de Shimoga originó un problema de distinta naturaleza. Dio lugar a una gran oleada de garrapatas y a un brote de la enfermedad de Kyasanur en los años ochenta, todo ello producto de un extraño virus procedente de los bosques (113). En África, la deforestación favorece la transmisión de la malaria a través del mosquito Anopheles gambiae, que prefiere criar al aire libre en vez de en la profundidad de los bosques. El aumento temperaturas que trae consigo la tala de bosques también puede contribuir a la propagación de la malaria al acelerar tanto el ciclo vital del mosquito como el desarrollo del parásito de la malaria que alberga. En las montañas de Usambara, en el noreste de Tanzania, las talas de bosques a lo largo de las cumbres han hecho posible la introducción y expansión de la malaria (114). La mezcla de las condiciones naturales que se ven alteradas, junto con el efecto de los movimientos migratorios, ha dado lugar a una situación especialmente mortífera en la cuenca brasileña del Amazonas (véase cuadro 2.4). A veces, la influencia de las conversiones agrícolas sobre las enfermedades puede ser compleja y extenderse por amplias regiones. En el sur de Honduras la transformación de bosques en cultivos de algodón, caña de azúcar y pastizales para vacuno alteró el ciclo hidrológico de la región, haciéndolo más seco y caluroso, y menos acogedor para el mosquito transmisor de la malaria en la zona. Como consecuencia, la malaria descendió notablemente. Sin embargo, la semidesertificación en el sur hizo que la población se encaminara hacia las nuevas factorías y plantaciones del norte; mucha gente se asentó en lugares previamente deforestados en los que la malaria aún estaba presente. Los inmigrantes no eran inmunes a esa enfermedad, por lo que tuvo lugar un fuerte repunte de malaria en las regiones del norte a partir de 1987. El intenso uso de plaguicidas en los cultivos destinados a la exportación también tuvo su influencia en el rebrote de la malaria, al reforzar la resistencia de los mosquitos anopheles a los plaguicidas utilizados (115). Al igual que ocurre con otras enfermedades relacionadas con los regadíos, es difícil cuantificar el impacto adicional de las enfermedades asociadas a las transformaciones del suelo. Las complejas relaciones entre la modificación del hábitat, el funcionamiento de los ecosistemas y la transmisión de las enfermedades apuntan a la dificultad a la hora de predecir con exactitud el modo en que los cambios de uso de las tierras afectan a los índices de las enfermedades, especialmente cuando la vulnerabilidad de la población expuesta varía mucho según las rentas, el acceso a los cuidados médicos y sanitarios y la disponibilidad de una nutrición adecuada. |
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