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| RECURSOS MUNDIALES 2000 | Índice general > Índice local 2 |
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2.13. El cambio climático y la salud (1/5) Las influencias climáticas son la clave para muchos de los determinantes que tienen que ver con la salud: las temperaturas extremas y las brusquedades del tiempo; el alcance geográfico de los organismos portadores de enfermedades; las cantidades de aire, alimentos y agua; y el equilibrio de los ecosistemas de los que dependemos. Debido a que el clima nos afecta de tantas maneras y los detalles acerca de cómo puede verse alterado el clima global son tan imprevisibles, la predicción de los efectos del cambio climático sobre la salud dista de ser una ciencia exacta. Pero habida cuenta de lo que ya se conoce sobre la relación entre el clima y la salud y la magnitud del calentamiento de la tierra que los científicos vaticinan, los efectos futuros para la salud pueden ser muy importantes. Estos efectos pueden variar de región a región, puesto que el propio clima puede cambiar de modo diferente según las regiones. Por ejemplo, las temperaturas van a subir más en unas áreas que en otras; algunos lugares serán más secos mientras que otros dispondrán de más lluvia. El impacto del cambio climático en la salud puede incluir efectos directos por causa de temperaturas y tiempo muy extremos y también por la subida del nivel del mar. Pero también son previsibles impactos indirectos, debidos a cambios en los comportamientos de las precipitaciones y la temperatura, los cuales pueden afectar a los ecosistemas naturales, cambiar la ecología de las enfermedades infecciosas, dañar la agricultura y los acuíferos, disparar los niveles de la contaminación atmosférica y dar pie a una reorganización a gran escala tanto en las comunidades animales como en las plantas (véase figura 2.10). Estos efectos indirectos pueden tener, a largo plazo, un impacto acumulativo sobre la salud humana mayor que los efectos directos (272). Los impactos directos Uno de los impactos del calentamiento de la Tierra más fácilmente imaginables es el aumento en número y en importancia de las olas de calor. El golpe de calor constituye un peligro bien conocido durante los periodos prolongados de tiempo muy cálido, especialmente en las ciudades, porque tienden a atrapar y mantener el calor. En Nueva York y Shangai, por ejemplo, las estadísticas muestran que los índices diarios de mortalidad aumentan vertiginosamente cuando las temperaturas sobrepasan un cierto umbral (273). Durante las intensas olas de calor el número de muertes atribuidas a la presión del calor pueden llegar a ser sorprendentemente elevadas, como ocurrió en Chicago en julio de 1995, cuando la ola de calor mató a 726 personas en los cuatro días que duró su efecto (274) (275). Las ciudades que se encuentran en una latitud media, como Washington D.C., Atenas y Shangai parecen estar expuestas a mayores riesgos de padecer olas de calor letales. Los habitantes de estas ciudades (especialmente las personas mayores, los muy jóvenes y los indigentes) no están preparados para calores excesivos y resultan más vulnerables a estos rigores. Entre los grupos más vulnerables, el haber padecido algún problema de salud con anterioridad, la mayor exposición al vivir en casas mal preparadas y la falta de aire acondicionado son factores que contribuyen a una mortalidad más elevada por causa del calor. Hacia mediados del siglo próximo el cambio climático incluirá mayor frecuencia de días extremadamente calurosos en ciudades del tipo de Washington D.C., según indican algunas previsiones (276). Las temperaturas medias ya muy elevadas de por sí en ciudades tropicales y subtropicales hacen que sus habitantes estén más acostumbrados a las olas de calor, por lo que su incidencia es menor, si bien las muertes acaecidas durante la ola de calor de Delhi en 1995 indican que incluso quienes viven en el trópico pueden acusar estas temperaturas extremas (277). A la inversa, como beneficio potencial del calentamiento del globo podría señalarse que se dará un menor número de fallecimientos a causa del frío, dado que los inviernos serán más suaves. Un estudio británico reciente calculó que para el año 2050 la temperatura media invernal habría subido entre 2,0ºC y 2,5ºC, tal y como se desprende de varios modelos climáticos abordados, y podría tener como resultado unas 9.000 muertes anuales menos por causa del frío en Inglaterra y Gales. No obstante, este descenso de la mortalidad en invierno tan solo compensaría parcialmente el incremento de las muertes por exceso de calor. Los estudios al respecto indican que la mortalidad relacionada con el calor es más elevada que la asociada a los periodos de frío (278). Además de una mayor frecuencia de olas de calor, el cambio climático global traerá consigo una variabilidad mayor en el tiempo en su conjunto. Los expertos en climatología creen que unos cambios relativamente pequeños de la temperatura media global en el futuro producirán cambios sustanciales en cuanto a la frecuencia de manifestaciones meteorológicas extremas, tales como huracanes, ciclones, tormentas de gran violencia y vendavales. Estos desastres naturales ya están suponiendo, con sus inundaciones y vientos, un grave deterioro por la destrucción de vidas y propiedades que acarrean (280). La subida del nivel del mar es otra de las esperadas consecuencias del calentamiento de la tierra, y podría afectar de forma negativa a la salud y bienestar de los habitantes de las costas. Dieciseis ciudades de entre las mayores del mundo, con poblaciones de más de 10 millones, se encuentran situadas en zonas costeras, sin olvidar que la población de las zonas costeras de todo el globo está aumentando sin parar. El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) calcula que el nivel del mar subirá entre 0,3 y 1 metro para el año 2100, con una estimación ideal de 0,5 metros (281). |
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