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| RECURSOS MUNDIALES 2000 | Índice general > Índice local 2 |
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2.12. Los efectos de la contaminación atmosférica sobre la salud (1/4) El aire libre y la salud A lo largo de más de un siglo los graves casos de contaminación atmosférica en ciudades como Londres han demostrado que respirar aire contaminado puede ser peligroso y, a veces, mortal. En 1880, 2.200 londinenses murieron cuando el humo del carbón de las calefacciones y de la industria se combinaron para formar una nube tóxica de gas de dióxido de azufre y partículas de combustión llevadas por el aire (240). Pero la preocupación acerca de los efectos sobre la salud de la contaminación externa no se materializó hasta finales de los años cuarenta y comienzos de los cincuenta, cuando los desastres debidos a la contaminación atmosférica en dos continentes dispararon las alarmas. Tanto la "niebla asesina" de 1948 en la pequeña localidad de Denora, Pennsylvania, que mató a 50 personas, como la "niebla" de Londres de 1952 a causa de la cual hubo 4.000 víctimas, se relacionaron con el uso generalizado de combustibles peligrosos y espolearon las iniciativas gubernamentales para atajar el grave problema de la contaminación urbana. Desde entonces muchas naciones han adoptado niveles de calidad en el aire ambiental para proteger a los ciudadanos de los contaminantes más comunes y peligrosos. Entre éstos se incluye el dióxido de azufre, las partículas en suspensión, el ozono en la superficie, el dióxido de nitrógeno, el monóxido de carbono y el plomo, todos ellos derivados directa o indirectamente de la combustión de productos energéticos de origen fósil. Aunque se han hecho grandes inversiones para el control de la contaminación en algunos países industrializados, como consecuencia de las cuales se han conseguido bajar los niveles de los contaminantes en muchas ciudades, la escasa calidad del aire que respiramos constituye aún una de las importantes preocupaciones en el mundo industrializado. Un análisis reciente de la Agencia Europea para el Medio Ambiente reveló que entre el 70 y el 80 por ciento de las 105 ciudades europeas estudiadas sobrepasaba los niveles establecidos por la OMS al menos en un agente contaminante (241). En los Estados Unidos unos 80 millones de personas viven en áreas que no alcanzan los niveles de calidad atmosférica marcados por la legislación, niveles que vienen a coincidir prácticamente con los señalados por la OMS (242). Entretanto, la contaminación atmosférica urbana ha empeorado en las ciudades más populosas del mundo en desarrollo, situación que viene dada por el crecimiento demográfico, la industrialización y el aumento del uso de vehículos. A pesar de las medidas para controlar la contaminación, la calidad del aire de ciudades como Pekín, Delhi, Yakarta y Ciudad de México, se ha acercado a los peligrosos niveles registrados en Londres en los años cincuenta (243). En esas ciudades los niveles de contaminación sobrepasan a veces los de la OMS en tres o más puntos. En alguna de las ciudades mayores de China los niveles de partículas en suspensión son seis veces mayores que los determinados en las directrices de la OMS (244). La Organización Mundial de la Salud considera que en todo el mundo al menos unos 1.400 millones de personas están respirando en sus ciudades un aire cuya calidad dista mucho de alcanzar los mínimos exigibles por dicha Organización (245). Las consecuencias de esta exposición al aire nocivo para la salud son considerables. En términos globales los cálculos de mortalidad causada por esta contaminación exterior oscilan entre 200.000 y 570.000, es decir, entre un 0,4 y 1,1 por ciento del total de los fallecimientos anuales (246) (247). Tal y como indican estos parámetros, resulta difícil cuantificar las consecuencias de esa contaminación exterior. Su impacto parece que es mayor en algunos de los países que están experimentando un desarrollo muy acelerado, donde los niveles de contaminación son muy altos. El Banco Mundial ha estimado que la exposición a unos niveles de partículas superiores a los indicados por la OMS es la causante de, aproximadamente, entre el 2 y el 5 por ciento de todas las muertes en las áreas urbanas del mundo en vías de desarrollo (248). |
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