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Figura 2.7



2.11. El incremento en el uso de la energía (1/2)

La energía es vital para nuestra economía, nuestro estilo de vida y nuestra salud. Impulsa la producción industrial, el transporte y, cada vez más, la producción agrícola. Proporciona servicios tales como la calefacción, la refrigeración y la iluminación, los cuales elevan la calidad de vida y facilita beneficios tangibles para la salud, como la preservación de los alimentos o el alivio frente a los ataques del calor o del frío.

El uso global de la energía se ha disparado con los años, a medida que se ha ido extendiendo la economía de tipo industrial; este rápido crecimiento es previsible que continúe durante las próximas décadas. Según un modelo, el uso de la energía podría incrementarse en un 40 por ciento entre 1993 y 2010 (230). Incluso contando con las ventajas que en términos de la eficiencia derivada de las nuevas tecnologías podrían ser tenidas en cuenta, el uso de la energía seguirá ascendiendo más allá del año 2010 (231) (por supuesto que si se adoptan drásticas medidas en pro de la reducción del consumo energético, estas previsiones pueden verse alteradas).

Hoy día las naciones industrializadas consumen casi las tres cuartas partes de toda la energía comercial; sin embargo, una buena parte de la demanda energética en las próximas décadas procederá de las naciones en vías de desarrollo. Así pues, se espera que los países en desarrollo incrementen su participación en el uso de la energía mundial en casi un 40 por ciento para el año 2010 (232) como reflejo de la rápida expansión económica, del crecimiento demográfico y de la sustitución de los tradicionales combustibles de biomasa por combustibles fósiles (véase figura 2.7). El crecimiento será especialmente importante en los países del este y sur de Asia (excluyendo Japón).

Las implicaciones que para la salud tiene este aumento del uso energético son muy profundas. Hasta el punto de que, como se ha dicho, contribuye al bienestar en términos de calefacción o refrigeración, a unas disponibilidades alimenticias más estables o a una mayor renta per capita gracias a la expansión económica; todos estos beneficios para la salud se apreciarán sobre todo en las naciones en vías de desarrollo. Sin embargo, también se apreciarán sin duda riesgos considerables, puesto que se incrementará la utilización de combustibles fósiles a pesar del auge ya anticipado de otras formas menos contaminantes de energía renovable (233).

El impacto más directo del mayor uso de los combustibles fósiles vendrá dado por el aumento de los niveles de contaminación, especialmente en las áreas urbanas. Al mismo tiempo, la rápida urbanización en el mundo en desarrollo hará que sea mayor el número de personas expuestas al aire contaminado. Si no se presta mayor atención al control de la contaminación, algunas ciudades de los países en vías de desarrollo verán duplicados sus niveles de contaminación actual en la próxima década (234).