2.1. La intensificación de la agricultura (1/1)
A lo largo de la historia del ser humano, el crecimiento demográfico y los cambios en los hábitos alimenticios han dado como resultado la transformación cada vez mayor de los bosques y praderas en tierras para aprovechamiento agrícola. En las últimas décadas el mayor uso de fertilizantes químicos y pesticidas, además de los cambios en las prácticas de riego y la mejora de las semillas, ha hecho posible que las tierras cultivadas pudieran ser sometidas a un aprovechamiento mucho más intensivo. Teniendo en cuenta las actuales tendencias de la población -las Naciones Unidas calculan que la población mundial se habrá duplicado para el año 2050 (32)- hay que dar por sentado una intensificación agrícola sustancial con respecto al número de hectáreas ahora cultivadas; por otra parte, parece más que probable la transformación de tierras para usos agrícolas, especialmente en los países en desarrollo. Ambos procesos conllevarán importantes implicaciones a largo plazo tanto para el medio ambiente como para la salud humana.
A la larga, una mayor producción de alimentos es requisito previo para la salud a nivel mundial. Más gente buscará mejorar la dieta, y a medida que se elevan los ingresos, las pautas alimenticias incluirán más proteínas de origen animal. Los métodos que se utilicen para lograr una mejor alimentación, junto con la naturaleza y el alcance de la transformación agraria, determinarán la existencia o no de posibles impactos negativos para la salud.
Las preocupaciones en cuanto a las repercusiones de la intensificación agrícola en la salud tienen que ver con la exposición cada vez mayor a sustancias tóxicas, tales como plaguicidas, pero también a la mayor incidencia de enfermedades infecciosas asociadas a la expansión de los sistemas de riego, al uso de aguas residuales para regar, y a la cada vez mayor exposición del ser humano a agentes infecciosos a medida que los bosques tropicales y otros ecosistemas se convierten en terrenos de aprovechamiento agrícola. Pero la intensificación agrícola también puede perjudicar la salud de un modo menos directo. Si persisten o se incrementan determinadas prácticas ahora comunes en algunas partes del mundo, los recursos agrícolas básicos podrían resentirse debido a la erosión del suelo, a la pérdida de fertilidad, a la pérdida de variabilidad genética en los cultivos y al agotamiento de los recursos hídricos. Todo esto llevaría al final hacia una disminución de la capacidad agrícola mundial.