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1. Conectar el medio ambiente y la salud (1/2)

El medio ambiente, que sustenta la vida humana, es también una fuente importante de enfermedades para muchos habitantes del mundo. En los países menos desarrollados, uno de cada cinco niños no viven para celebrar su quinto cumpleaños -fundamentalmente debido a amenazas ambientales para la salud evitables (1)-. Eso se traduce en 11 millones aproximadamente de muertes infantiles evitables cada año. Otros cientos de millones, niños y adultos, sufren enfermedades y discapacidades que arruinan su calidad de vida y sus esperanzas de futuro. Estas amenazas ambientales para la salud -posiblemente las amenazas ambientales para la salud más graves a las que se enfrenta la población mundial en la actualidad- proceden principalmente de problemas tradicionales hace tiempo solucionados en los países más ricos, como la falta de agua limpia, saneamiento, vivienda adecuada y protección contra mosquitos y otros insectos y animales.

Veamos:

  • El agua contaminada -por excrementos no químicos- sigue siendo una de las principales causantes de muerte del mundo. La falta de agua, saneamiento e higiene adecuados se ha calculado que es responsable globalmente del 7 por ciento de las muertes y enfermedades, según un estudio reciente (2). Solo la diarrea termina con la vida de unos 2,5 millones de niños al año (3).

  • Las aglomeraciones urbanas y los ambientes interiores contaminados de humo -procedente de la quema de combustibles de biomasa para cocinar o para la calefacción- contribuyen a agudizar las infecciones respiratorias que matan 4 millones de personas al año, una vez más, niños menores de 5 años. El Banco Mundial calcula que entre 400 y 700 millones de mujeres y niños están expuestos a una contaminación atmosférica grave, en la mayor parte de los casos procedente de los fuegos para cocinar (4).

  • La malaria mata de 1 a 3 millones de personas al año (5), de las que aproximadamente el 80 por ciento son niños (6). Otras enfermedades transmitidas por los mosquitos, como el dengue y la fiebre amarilla, afectan a millones más cada año y siguen en ascenso, obligando a la Organización Mundial de la Salud (OMS) a declarar al mosquito el "Enemigo Público Número Uno" (7).

    Aún más, en muchas regiones reciente y rápidamente industrializadas del mundo en desarrollo, las poblaciones corren un doble riesgo, al enfrentarse tanto a la agenda inconclusa de los problemas ambientales tradicionales para la salud, como a los problemas emergentes de la contaminación industrial. Las industrias familiares, como las curtidurías del corral, pueden poner a los trabajadores y a los residentes en contacto directo con productos químicos peligrosos. En las áreas donde el uso de los plaguicidas y otros productos químicos se halla en aumento y donde la prevención es poco exigente -o los riesgos se entienden mal- pueden sobrevenir exposiciones elevadas, provocando envenenamientos agudos e incluso la muerte. En los países en las primeras etapas de desarrollo, tanto los plaguicidas como los excrementos pueden contaminar el suministro de agua potable, y la contaminación atmosférica puede proceder tanto de los combustibles tradicionales de biomasa como del uso industrial de los combustibles fósiles (8). Estos problemas son especialmente pronunciados de forma creciente en los asentamientos de tugurios que rodean muchas ciudades del mundo.

    Los problemas pueden ser especialmente agudos donde el crecimiento se produce de una manera extremadamente rápida. En muchos de los países de crecimiento más rápido en Asia, la industrialización se está produciendo al triple de velocidad que la revolución industrial en Occidente (9). Muchas de esas regiones están experimentando también la contaminación industrial en unos niveles nunca vistos en el mundo desarrollado en los últimos 40 años -desde que la niebla de Londres en 1952 causó unas 4.000 muertes de más en las semanas siguientes al acontecimiento (10). De acuerdo con las Naciones Unidas, 13 de las 15 ciudades con mayor contaminación atmosférica del mundo están en Asia (11). Un estudio reciente del Banco Mundial calcula que más de 2 millones de personas mueren cada año en China sólo por los efectos de la contaminación del aire y del agua (12).