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| RECURSOS MUNDIALES 2000 | Índice general > Índice local 1 |
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Figura 1.11 |
1.6. Caracterización de los peligros ambientales (2/8) Las enfermedades transmitidas por el agua, los alimentos y el suelo. De todas las enfermedades infecciosas, la diarrea es quizás la que tiene una vinculación más clara con el medio ambiente y algunas de las repercusiones más mortíferas. La diarrea se propaga por bacterias y virus a través de los alimentos y el agua contaminados, y estos agentes causantes de la enfermedad representan uno de los problemas sanitarios más extendidos en el mundo contemporáneo. La diarrea mató aproximadamente 2 millones y medio de personas en 1996, según la OMS, la mayor parte de los cuales eran niños menores de 5 años (89). En 1990, la diarrea provocó el 8 por ciento de DALYs globalmente (90). La diarrea mata a través de la deshidratación. Afortunadamente, es combatible de una forma fácil y bastante barata con la terapia de rehidratación oral (TRO), si se dispone de un cuidado médico adecuado. A pesar de los esfuerzos concertados para conseguir un amplio suministro de la TRO, la alta tasa de mortalidad por diarrea muestra claramente que queda aún mucho por hacer. Cuando no se produce la muerte, los casi 4.000 millones de episodios de diarrea cada año producen un debilitamiento general (91). La diarrea está íntimamente conectada con la desnutrición, que incrementa la frecuencia y la gravedad de los episodios diarreicos; los ataques repetidos de diarrea, a su vez, exacerban la desnutrición (92). Entre los agentes causantes, uno de los más comunes es la bacteria intestinal E.coli, aunque hay otros patógenos que pueden causar la diarrea. Las enfermedades diarreicas aparecen por el contacto con los excrementos y se propagan por lo que se conoce como la vía fecal-oral. Hasta hace muy poco se pensaba que el principal culpable eran los suministros de agua contaminada, pero ahora se sabe que la ruta es más compleja. Un factor incluso mayor parece ser el agua insuficiente para lavarse, especialmente para el lavado de manos, que hace que sea imposible mantener una higiene adecuada (93). Cuando a un suministro de agua inadecuado se unen las letrinas compartidas - o ninguna- se crean las condiciones idóneas para la transmisión de la diarrea. En la actualidad, se calcula que unos 2.900 millones de personas no disponen de saneamiento adecuado y unos 1.400 millones no disponen de agua potable (94). Esta situación ha persistido a pesar de las inversiones de más de 100.000 millones de dólares durante la Década Internacional del Agua y el Saneamiento. Las mejoras de cobertura continúan siendo sobrepasadas por el rápido crecimiento de la población y por el incluso más explosivo crecimiento urbano (95) (96). Asegurar el acceso a suministros adecuados de agua de buena calidad y algún sistema de saneamiento -unidos a la educación higiénica y el desarrollo socioeconómico- sigue siendo un factor esencial en la reducción del número de enfermedades diarreicas. Las enfermedades diarreicas no se limitan en absoluto al mundo en desarrollo, aunque son más mortíferas allí. En el mundo desarrollado, donde la diarrea es una causa importante de enfermedad pero rara vez de muerte, la Salmonella y la Campylobacter jejuni, propagadas a través de pollos o leche contaminados, son algunos de los agentes más comunes (97). Además, los nuevos agentes microbianos se hallan cada vez más implicados en la enfermedad humana. La Campylobacter jejuni, por ejemplo, antes sólo se encontraba en animales, pero ahora es una de las causas más comunes de las enfermedades producidas por los alimentos en humanos (98). Los responsables de la sanidad pública en los Estados Unidos y en otras partes advierten sobre una epidemia de patógenos producidos por los alimentos (99). Varios brotes recientes de envenenamiento de alimentos en los Estados Unidos, Canadá, Europa y Japón se han vinculado con la Cyclospora y una nueva forma de E.coli, particularmente virulenta (100) (véase figura 1.11). Para impedir cualquier posibilidad de una epidemia considerable, como ocurrió en Japón en 1997 provocada por el E.coli O 157 (101), el gobierno de los Estados Unidos recogió en 1997 más de 11 millones de kilos de carne de vaca sospechosa de estar contaminada con ese organismo (102). |
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