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| RECURSOS MUNDIALES 2000 | Índice general > Índice local 1 |
![]() Figura 1.8 Cuadro 1.3 Figura 1.9 |
1.5. Pobreza, salud y medio ambiente (2/4) 1.5a. Salud y riqueza Esta relación entre la salud y la riqueza sirve igual para los individuos que para los países. Independientemente del nivel general de la riqueza de un país, los ricos, globalmente, gozan de mejor salud que los pobres (48). La figura 1.8 muestra la mortalidad infantil en barriadas ricas y pobres en algunas áreas metropolitanas a finales de la década de 1980. La esperanza de vida, un indicador sólido de la riqueza nacional, aumenta con el PIB per capita y continúa incrementándose hasta que el PIB per capita alcanza unos 5.000 dólares USA al año - suficiente, quizá, para proporcionar un mínimo nivel de vida (49)-. Las tasas de mortalidad infantil descienden también con el aumento de los ingresos. ¿Por qué es tan fuerte el nexo entre la salud y la riqueza? En el nivel más fundamental, muchos de los pobres más pobres del mundo, los 1.300 millones que viven con menos de un dólar al día (50), son incapaces de asegurarse siquiera las necesidades básicas para llevar una vida saludable -alimentación, agua, vestido, vivienda y cuidados sanitarios adecuados. Globalmente una de las causas principales de la mala salud es la desnutrición, que es un problema de la pobreza y rara vez un indicador de la escasez de alimentos real. Los cálculos más recientes indican que hay en el mundo 158 millones de niños menores de 5 años desnutridos (51). Según algún cálculo, la desnutrición causó el 12 por ciento aproximadamente de las muertes totales en 1990 (52). Pero desempeña un papel mucho más pernicioso, al volver a la gente más propensa a las enfermedades infecciosas y crónicas. Cuando se calcula por sus efectos, se cree que la desnutrición interviene en la mitad de las muertes infantiles de los países en desarrollo (53) (véase cuadro 1.3). Por tanto, el aumento de las rentas puede significar más y mejor alimentación, vivienda y vestido, conocidas sendas hacia una mejor salud. Los ricos suelen también disponer de una mejor educación y por consiguiente están más informados sobre el proceso y la prevención de las enfermedades. Estudio tras estudio han revelado que las familias con mejor educación disfrutan de mejor salud (54). Además, los grupos más ricos normalmente tienen suficientes ingresos para actuar de acuerdo con este conocimiento. Las acciones pueden incluir la mejora de la higiene, la inmunización de los niños contra las enfermedades comunes, o la búsqueda de la terapia de rehidratación oral para tratar la diarrea. Incluso independientemente de la riqueza, las mejoras en la educación, especialmente en la educación de las madres, están fuertemente vinculadas a las mejoras en la salud de la familia. Los datos de 25 países en vías de desarrollo han mostrado que, siendo igual todo lo demás, incluso una educación materna de 1 a 3 años puede reducir la mortalidad infantil hasta en un 15 por ciento (55). Las mejoras aumentan con una mayor escolarización (véase figura 1.9). Sin duda, la educación capacita a los proveedores de atención primaria, que casi siempre son mujeres, para evitar las amenazas para la salud y enfrentarse a la enfermedad con mayor facilidad, incluso cuando no disponen de ingresos extras. |
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