1.3. Los motores del cambio (2/3)
Hasta
hace poco, las discusiones sobre las amenazas ambientales para la salud
tendían a centrarse en los efectos toxicológicos directos de los traumas
o las exposiciones. Ahora bien, está aumentando la conciencia de que los
cambios en el medio ambiente pueden afectar a la salud de formas
indirectas y a menudo inesperadas también, deteriorando los ecosistemas
locales o globales (16). Por ejemplo, la erosión del suelo producida por
prácticas agrícolas inapropiadas pueden dar como resultado rendimientos
reducidos de cosechas; esto podría tener importantes consecuencias para
la nutrición. Se sospecha que los residuos de granjas de animales en los
Estados Unidos causan florecimientos de algas tóxicas, provocando mortandades
masivas de peces y daños potenciales a los humanos (17). Incluso planes
de desarrollo bien intencionados pueden tener resultados inesperados, como
sucedió en el valle del río Senegal en África, donde la construcción de
dos presas provocó una serie de acontecimientos que en último término contribuyeron
a crear problemas nutricionales en la población y a un crecimiento dramático
de la esquistosomiasis.
Aunque
la intensificación agrícola, la industrialización y el aumento del uso de
la energía poseen un considerable potencial para dañar tanto el medio ambiente
como la salud pública, estos impactos negativos de ningún modo son inevitables.
La experiencia ha demostrado que es posible gestionar el crecimiento económico
de tal manera que preserve la calidad ambiental y potencie la salud humana.
Pero esto no dependerá de la interacción aleatoria de la fuerzas del mercado
solas (18). El logro de los beneficios del desarrollo económico al tiempo
que se minimizan sus impactos perjudiciales requerirá una mayor conciencia
de los nexos entre el medio ambiente y la salud y un uso más amplio de estrategias
que mejoren la salud pública.
En particular,
el logro de estos beneficios dependerá de un mayor énfasis en la prevención,
ya sea mediante una gestión del medio ambiente que impida que aparezcan
riesgos para la salud, como mediante la intervención antes de que estos
riesgos produzcan la enfermedad. La prevención es esencial porque los riesgos
para la salud provocados por la degradación y el cambio ambientales -tales
como los impactos del uso creciente de combustibles fósiles o la falta de
saneamiento en los barrios marginales en vías de expansión- son simplemente
demasiado grandes para que el sector sanitario los solucione solo.