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RECURSOS MUNDIALES 2000 Cuadro 2.4

Cuadro 2.4. La malaria en la Amazonia brasileña

La incidencia de la malaria en Brasil se disparó entre los años setenta y ochenta: de 52.469 casos en 1970 a 577.520 en 1989 (1). En 1994 los casos registrados aún sobrepasaban el medio millón (2). En 1970 el 72 por ciento de todos los casos de malaria del país estaban localizados en la cuenca del Amazonas (3); en 1985 la proporción había aumentado hasta el 99 por ciento (4). En la actualidad, prácticamente toda la malaria endémica se encuentra en la región amazónica (5).

Aunque la malaria ha sido desde siempre endémica en Brasil, su dramático resurgimiento en la Amazonia en las dos últimas décadas se puede atribuir a una compleja serie de factores, todos ellos interrelacionados: el rápido crecimiento demográfico, las migraciones y traslados de los trabajadores y de la población indígena, el aumento de las minas de oro, la destrucción medioambiental y el desarrollo anárquico y sin planificación previa. Dos segmentos de la población se han visto particularmente afectados en mayor medida por esta incidencia de la malaria: la mano de obra de las minas de oro y los indígenas.

La Amazonia brasileña alberga el mayor reducto de bosque tropical del mundo, así como considerables reservas de minerales. Desde los años sesenta el gobierno ha venido diseñando una serie de planes ambiciosos para desarrollar y colonizar la cuenca del Amazonas con el fin de poder aliviar algunas de las tensiones derivadas de la pobreza urbana, el hacinamiento y el malestar social en otras regiones de Brasil. Como resultado de esos esfuerzos, generosamente subvencionados por el gobierno, el crecimiento demográfico subió vertiginosamente. Entre 1970 y 1980 la tasa de crecimiento demográfico superó el 5 por ciento anual, la mayor de Brasil (6). La construcción de la autopista Belem-Brasilia y de la autopista Transamazónica espoleó aún más la tala indiscriminada, la agroindustria y la minería en la región.

Recientemente, una "fiebre del oro" en la Amazonia ha hecho de la zona un imán para los inmigrantes, especialmente los más desfavorecidos de la región del noreste. Buscadores de oro y mineros, llamados "garimpeiros", han acudido masivamente a las áreas mineras de la Amazonia brasileña, la mayoría de ellos asentándose en los estados de Rondonia, Pará, Mato Grosso y Roraima en busca de oportunidades económicas. En 1991 entre 400.000 y 600.000 garimpeiros se habían instalado en esa región.

La eclosión de la fiebre del oro ha tenido consecuencias no deseadas, incluyendo entre ellas el elevado nivel de degradación ambiental como consecuencia de los desechos mineros, de la deforestación, y del deterioro de las condiciones de vida. En concreto, la malaria se ha apoderado de las ciudades mineras. En 1988, por ejemplo, el 50 por ciento de toda la malaria detectada en el Mato Grosso se padecía en los asentamientos mineros (7).

Las condiciones en esos lugares comportan unas situaciones ideales para la infección y transmisión de la enfermedad. Los refugios de carácter temporal no protegen contra los mosquitos. Además, los mismos garimpeiros son muy vulnerables a la malaria porque a menudo proceden de áreas en las que esta enfermedad no se da, por lo que carecen de inmunidad frente a ella. En su búsqueda del oro los mineros con frecuencia destruyen las riberas de los cauces fluviales. El ensanche pantanoso de las cuencas fluviales se transforma en un hábitat perfecto para la cría del mosquito.

Los costes del tratamiento de la malaria están fuera del alcance de muchos de los mineros, por lo que muchos enfermos no recurren a ningún tratamiento. Incluso cuando se deciden a comprar medicinas (a menudo pagadas con oro) dejan de tomarlas tan pronto como notan que los síntomas receden, mucho antes de curarse por completo. Como consecuencia, han surgido cepas de malaria resistentes a las medicinas, mucho más difíciles y caras de combatir.

La intensa exposición de los mineros al mercurio como metal pesado, comúnmente utilizado para extraer oro en bruto de los desechos de minería, es otro factor importante que repercute en la incidencia de la malaria. Entre 3 y 5 kilos de mercurio se utilizan para extraer 1 kilo de oro (8), y la falta de controles ambientales en la mayoría de las minas implica que la exposición al mercurio posiblemente exceda los límites establecidos por la Organización Mundial de la Salud. Los investigadores están comenzando a sospechar que la exposición al mercurio puede actuar como inmuno-depresor, haciendo así a los garimpeiros más proclives a contraer la malaria (9).

Los mineros no son las únicas víctimas de la fiebre del oro. En realidad, la población indígena lleva la peor parte. La riqueza en minerales de muchas de las reservas indias las identifica como objetivo prioritario para los garimpeiros. En buena media, el desarrollo de la Amazonia brasileña ha estado definido por la invasión de los territorios indios tradicionales y la apropiación de sus recursos naturales. Las transmisiones de enfermedades y la despoblación han sobrevenido como resultado devastador.

La Fiebre del Oro de Roraima ilustra singularmente la situación. En 1987 los garimpeiros invadieron las tierras de 10.000 indios yanomamis. En 1989 unos 40.000 mineros estaban trabajando en las tierras del último gran grupo indigena, semiaislado y tradicional que existía en las Américas: los yanomamis (10). Las consecuencias fueron inmediatas: conflictos culturales, violencia, epidemias, hambre, y una altísima mortalidad pusieron en peligro la supervivencia de los yanomamis como pueblo. Pero no ha sido ésta la primera vez que el desarrollo ha amenazado a las comunidades indias de la región. A principios de los años setenta las epidemias de sarampión y gripe, portadas por los trabajadores de la construcción de la autopista Perimetral Norte, asolaron tres comunidades Yanomamis del norte del Estado de Amazonas (11).

La Fiebre del Oro de Roraima y la subsiguiente afluencia de garimpeiros han incrementado la incidencia de la malaria y las muertes entre los indígenas de forma dramática. Una encuesta del Hospital Indio de la ciudad de Boa Vista reveló que la malaria había sido la causa principal de la hospitalización de indios yanomamis entre 1987 y 1989. De los 144 fallecimientos registrados durante ese periodo, más de la mitad (51,8 por ciento) habían sido debidos a esa enfermedad (12). Los cálculos indican que casi un 10 por ciento de la población Yanomami ha sido azotado por la malaria entre 1987 y 1990. En conjunto, en torno a un 20 por ciento de la población Yanomami ha contraído la malaria, y en algunos poblados el parásito ha infectado a más del 90 por ciento de sus habitantes.

Aunque la Fiebre del Oro de Roraima está recediendo, el legado de la malaria continúa representando un riesgo para los indios de la Amazonia. Entre 1991 y 1995 la malaria ocasionó el 25 por ciento de las muertes entre los yanomamis (13). Los índices anuales de incidencia de la malaria en áreas en las que el contacto con mineros y con otros inmigrantes es frecuente, llegan a 1.350 por cada 1.000 habitantes, lo cual significa que algunos individuos padecen más de un ataque por año. Esto contrasta grandemente con los poblados que no se han visto afectados por la invasión foránea, donde se dan 20 casos por cada 1.000 habitantes. También contrasta con la población amazónica en general, donde la prevalencia es de aproximadamente 40 casos por cada 1.000 habitantes (14) (15).

A partir de 1990 el gobierno brasileño comenzó a expulsar a los garimpeiros del territorio Yanomami, pero sin mucho éxito a lo que parece. Dado que el señuelo del oro seguía en vigor, los garimpeiros sencillamente se iban de una explotación minera a otra dentro del estado de Roraima. Como consecuencia, la malaria se extendió a los otros cuatro grupos étnicos del este de Roraima, convirtiéndose en la mayor causa de mortalidad entre 1991 y 1994 (16).

Aunque no se conocen del todo los motivos que hay detrás de esa incidencia tan alta de la malaria entre la población indígena, muchos factores, tanto socioeconómicos como ambientales, desempeñan sin duda un gran papel. En primer lugar, las medidas para controlar la malaria, tales como la fumigación de las casas y la detección y el tratamiento precoz, que se han llevado a cabo con éxito en las regiones del sureste y noreste de Brasil, no han resultado satisfactorias en las zonas boscosas de la Amazonia debido a dificultades de tipo logístico y organizativo, y a la movilidad de la población (17). Además, la mayor parte de las picaduras de mosquitos tienen lugar en el exterior, lo que hace que la fumigación en el interior de las viviendas resulte ineficaz. En segundo lugar, el aislamiento físico de muchos de los grupos que viven en la Amazonia puede aumentar su susceptibilidad ante la malaria. En tercer lugar, debido a que la mayoría de estas comunidades vive en áreas remotas, la gente dispone de un acceso limitado a los servicios asistenciales. En la práctica, sólo se puede llegar por avión a los 350 poblados Yanomamis.

Además de todo esto, determinados hábitos culturales pueden aumentar el riesgo de transmisión de la malaria, o hacer que el tratamiento resulte más difícil. Por ejemplo, la costumbre de bañarse en los ríos por la mañana temprano y por la tarde, coincide con las horas de mayor actividad de los mosquitos. Igualmente, la movilidad asociada a la caza y la pesca para la subsistencia puede convertirse en un problema, porque algunos casos de malaria requieren un tratamiento ininterrumpido de dos semanas, lo cual es muy difícil de llevar a la práctica cuando se viaja tanto. Por otro lado, la estructura de las chozas Yanomamis puede ofrecer algún tipo de protección. Por su forma cónica y cerrada las cabañas se suelen llenar de densas humaredas procedentes del fuego para cocinar, y eso tiende a repeler los mosquitos.

Las perspectivas de futuro parecen claras. Hasta tanto los beneficios de la minería resulten lucrativos, esta actividad seguirá desempeñando un papel importante en la transmisión de la malaria en la región de la Amazonia. Al mismo tiempo, los altos índices de deforestación continuada podrían asimismo multiplicar el número de mosquitos transmisores de la malaria, facilitando la expansión de la enfermedad (18).

Por Ulises Confalonieri, Profesor de Salud Pública, Fundación Oswaldo Cruz, Río de Janeiro

Referencias y notas

1. 1. Donald Rolfe Sawyer, "Malaria and the Environment2, Documento de Trabajo No. 13 (Instituto Sociedade, Populaçao e Naturaleza, Brasilia, Brasil, Marzo 1992), p. 2.
2. Pedro Luiz Tauil, "Comments on the Epidemology and Control of Malaria in Brazil", Mem. Inst. Oswaldo Cruz, Vol. 81, Suplemento II (1986), p. 39.
3. Op. cit. 1.
4. Pedro L. Tauil, "Malária: Agrava-Se O Quadro Da Doença No Brasil", Ciência Hoje, Vol. 2, No. 12 (Mayo-Junio 1984), pp. 58-59.
5. Op. cit. 1.
6. Agostinho Cruz Marques, "Migrations and the Dissemination of Malaria in Brazil", Mem. Inst. Oswaldo Cruz, Vol. 81, Suplemento II (1986), p. 17.
7. Ibid., p. 28.
8. Steven G. Gilbert y Kimberly S. Grant-Webster, "Neurobehavioral Effects of Developmental Methyl Mercury Exposure", Environmental Health Perspectives, Vol. 103, Suplemento 6, (1995), p. 136.
9. J. Bernier, "Immunotoxicity of Heavy Metals in Relation to Great Lakes", Environmental Health Perspective, Vol. 103, Suplemento 9 (Diciembre 1995), pp. 23-24.
10. Margareth Marmori, "A Historia Do Conflito", Ciência Hoje, Vol. II, No. 64 (Julio 1990), p. 75.
11. Alcida R. Ramos, "Yanomami Indians in North Brazil Threatened by Highway" (Noviembre 1978), pp. 1-30.
12. Oneron A. Pithan et al., "A Situaçao de Saude dos Indios Yanomami: Diagnostico a Partir da Casa do Indio de Boa Vista, Roraima, 1987-1989". PESQUISA, Cadernos de Saude Publica, RJ, 7 (4): 563-580, Octubre/Diciembre, 1991.
13. Maria Stella de Castro Lobo, "O Caso Yanomami Do Brasil: Uma Proposta Estrategica de Vigilancia Epidemiologica", Río de Janeiro, 1996. Escola Nacional de Saude Publica, Mestrado em Saude Publica, Area de Concentraçao: Epidemiologia Geral, p. 50.
14. Ibid.
15. Op. cit. 6. 16. Ulisses Confaloneri, "Amazon Health Report: Indigenous People’s of Brazil", borrador (Banco Mundial, Washington, D.C., 1994).
17. Op. cit.1, p. 12.
18. J.F. Walsh et al., "Deforestation: Effects on Vector-borne Disease", Parasitology, Vol. 106 (1993), Cambridge University Press, p. S58