|
|
|
|
| RECURSOS MUNDIALES 2000 | Cuadro 2.1 |
Cuadro 2.1. La tuberculosis y la desigualdad urbana A principios del siglo XVII el desarrollo de las ciudades y la propagación de la pobreza en la Europa feudal trajeron consigo los necesarios cambios ambientales como para que se desencadenara la primera epidemia de tuberculosis (TB) entre la población humana. Denominada "la Gran Plaga Blanca", la tuberculosis creció a sus anchas entre los suburbios superpoblados y faltos de las más elementales medidas higiénicas de las primeras ciudades industriales (1). En su momento más álgido, durante los siglos XVII y XVIII, la tuberculosis segó la vida de uno de cada cinco adultos (2). Lejos de ser considerada como una enfermedad del pasado, la tuberculosis ocasionó la muerte de casi 3 millones de personas en el año 1995 (3). Si bien esta enfermedad parece haber declinado definitivamente a partir de 1996 como resultado de las iniciativas comunes de los gobiernos y del programa de control emprendido por la OMS (Organización Mundial de la Salud), las epidemias de TB seguirán constituyendo una grave amenaza para la salud humana, sobre todo en los países en vías de desarrollo. La puesta en marcha de una estrategia global desde la OMS podría reducir considerablemente las cifras mencionadas, pero, sin intervenciones directas al respecto, unos 90 millones de personas podrían contraer la tuberculosis en los próximos 10 años (4). La aparición del SIDA ha sido un factor importante en canalizar la prevalencia de la tuberculosis, especialmente en África y Asia. El virus de inmunodeficiencia humana (VIH) deteriora el sistema inmunológico y acelera la velocidad con la que la tuberculosis pasa de ser una infección benigna a erigirse en una dolencia letal. Cerca de un tercio del total de un millón de muertes relacionadas con el SIDA, acaecidas en 1995, tenían su origen en una infección paralela de tuberculosis (5). La pobreza cada vez más acusada y la falta de viviendas dignas en los núcleos urbanos también se asocian a esta nueva aparición de la tuberculosis (6). Las relaciones entre la tuberculosis, la vida urbana y la pobreza se han puesto de manifiesto en los estudios llevados a cabo en lugares tan dispares como Dinamarca y Puerto Rico (7). Queda claro que el incremento del número de gente pobre y malnutrida que padece situaciones de hacinamiento y falta de higiene facilita la transmisión de la tuberculosis. En los barrios pobres, la combinación de hacinamiento y escasa ventilación implica con frecuencia que una persona con TB, si no recibe los cuidados requeridos, transmitirá la infección a otros 10 o 15 individuos cada año (8). En los Estados Unidos el número de casos de tuberculosis aumentó en un 20 por ciento entre 1985 y 1992, con una incidencia mucho más acusada en las ciudades del interior (9). Desde entonces las cifras han descendido en ciudades como Washington, D.C., mientras que en Nueva York aún siguen siendo elevadas (10). En Rusia el número de casos de TB se disparó en un 42 por ciento entre 1991 y 1994, y las tasas de mortalidad subieron un 87 por ciento en esos mismos años. Después de casi 40 años de descenso continuado, la Europa del Este está experimentando un considerable incremento en el número de muertes por tuberculosis; esto sin duda tiene que ver con el impacto de los recientes cambios políticos, sociales y económicos, que han provocado dramáticas reducciones en los ingresos y en el nivel de vida de la población (11). La resistencia a los medicamentos es otro factor importante que dificulta el control y la prevención de la tuberculosis en los grandes núcleos urbanos. En Nueva York, Londres, Milán, París, Atlanta, Chicago, así como en ciudades del mundo en desarrollo, sobre todo en Asia, hay cada vez más casos de resistencia al tratamiento de la TB (12). En algunos países del mundo en vías de desarrollo donde los recursos son muy limitados, se calcula que los índices de resistencia multidroga sobrepasan el 30 por ciento (13). Las implicaciones son obvias, porque entre los individuos infectados por cepas de TB resistentes a los tratamientos, la tasa de mortalidad supera el 50 por ciento. Por si eso fuera poco, el coste medio del tratamiento con antibióticos de un caso de TB en Nueva York es de alrededor de 2.000 dólares USA, pero en los casos de resistencia multidroga la cifra se dispara hasta los 250.000, lo cual coloca el tratamiento fuera del alcance de las naciones pobres y de los individuos menos favorecidos económicamente (14). Los costes sociales y económicos de la tuberculosis son enormes, sobre todo porque su incidencia se concentra en los adultos de edades comprendidas entre 15 y 54 años, los cuales constituyen la capa más productiva de la población. Del total de muertes que podrían evitarse, el 26 por ciento corresponde a la TB (15). Según estimaciones recientes, se cree que la economía tailandesa perderá el equivalente a 7.000 millones de dólares USA para el año 2015 a consecuencia de la tuberculosis. Y en la India las pérdidas económicas debidas a las muertes por TB ascienden a más de 370 millones de dólares USA anuales (16). Además, el fallecimiento o la discapacidad de un adulto inserto en el mundo laboral, afecta también a su entorno familiar más inmediato, porque la TB golpea sobre todo a aquellas familias en las que más necesarios son los recursos económicos que podría aportar el afectado. Los estudios han demostrado que en las familias donde uno de los padres padece una grave enfermedad, como la tuberculosis, los niños tienen unas posibilidades 2,5 veces mayores de sufrir malnutrición (17). La enorme carga que supone la tuberculosis, sumada a lo difícil que resulta disponer de intervenciones eficientes en función de los costos, como la quimioterapia o la inmunización, hace que la tuberculosis constituya una de las mayores prioridades en el ámbito sanitario internacional (18). Referencias y notas 1. 1. Joseph H. Bates y William W. Stead, "The History of Tuberculosis as a
Global Epidemic", Medical Clinics of North America, Vol. 77, No. 6
(Noviembre 1993), p. 1207. |