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| RECURSOS MUNDIALES 2000 | Cuadro 1.9 |
Cuadro 1.9 Las muertes relacionadas con el tabaco La cifra actual de muertes atribuibles a enfermedades relacionadas con el tabaco se calcula en una de cada ocho en el mundo en desarrollo, una de cada cuatro en los países desarrollados y una de cada seis en el mundo en su totalidad. En 1993 solo el tabaco fue responsable de 3 millones de muertes (1). A mediados de la década de 1990, alrededor del 25 por ciento de todas las muertes de barones en los países desarrollados se debieron al tabaco (2). En los Estados Unidos y otros países industrializados donde se ha fumado en forma persistente durante décadas, el cáncer de pulmón y las enfermedades coronarias isquémicas son las causas principales de mortalidad relacionada con el tabaco. La cifra total de muertes causadas por el tabaco en estas naciones fue de más 1.800.000 en 1990 y se espera que alcance los 20 millones durante la última década de este siglo (3). Sin embargo, la tasa de aumento en la epidemia de la mortalidad causada por el tabaco está descendiendo algo entre los hombres, pero continúa ascendiendo rápidamente entre las mujeres en el mundo industrializado (4). En la mayor parte del mundo en desarrollo, la moda de fumar se ha convertido en un hábito generalizado hace poco tiempo, pero los investigadores médicos esperan que en los próximos 25 o 30 años los patrones de mortalidad asociada con el tabaco se aproximarán a la de los países industrializados. Esta tendencia se ha puesto ya de manifiesto en países como China, donde pruebas no publicadas en un estudio de carácter nacional indican que el tabaco está causando ya medio millón de muertes al año, de las cuales alrededor de la mitad se deben a enfermedades crónicas de pulmón. Los efectos de la epidemia del tabaco en las tasas de mortalidad en China empeorarán sin duda sustancialmente durante el próximo siglo, dado el hecho de que entre 1978 y 1992 el consumo de cigarrillos manufacturados en ese país se triplicó, de 500.000 millones a 1.700.000 millones (alrededor del 30 por ciento del total mundial) (5). Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), hay unos 1.100 millones de fumadores en el mundo, o alrededor de un tercio de la población mayor de 15 años. La gran mayoría -800 millones de fumadores- están en los países en desarrollo; 700 millones de estos fumadores son hombres. En los países desarrollados se calcula que el 42 por ciento de los hombres y el 24 por ciento de las mujeres fuman; las cifras correspondientes al mundo en desarrollo son de un 48 por ciento de hombres y un 7 por ciento de mujeres (6). En China, sin embargo, donde reside la mayoría de los fumadores del mundo, el 63 por ciento de los hombres y el 3,8 de las mujeres son fumadores en la actualidad (7). El número de muertes anuales atribuibles al tabaco se espera que crezca de 3 millones en 1993 a 8,4 millones en el 2020, 6 millones de las cuales se espera que ocurran en el mundo en desarrollo (8) (9). De hecho, en 25 años, el tabaco sobrepasará a las enfermedades infecciosas para convertirse en la amenaza principal a la salud humana en el mundo (10). En la actualidad, el coste global de las enfermedades relacionadas con el tabaco es aproximadamente de 200.000 millones de dólares al año en gastos directos del cuidado de la salud y en productividad perdida relacionada con la morbilidad y la mortalidad prematura. Un tercio de esta pérdida tiene lugar en el mundo en desarrollo (11). La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) calcula que el consumo de tabaco en las naciones en desarrollo ha aumentado en una proporción del 2,1 por ciento anual durante 1985-1990 y ha crecido en una proporción del 1,9 por ciento durante 1995-2000 (12). Varios factores pueden explicar este aumento, incluyendo las cantidades más grandes que nunca de ingresos disponibles, unidos a los anuncios y la promoción generalizada de los productos del tabaco, y la insuficiente legislación en lo que se refiere a las descripciones admonitorias del producto y a los lugares de trabajo y las zonas públicas donde se permite fumar. Este supuesto refleja una falta de conciencia sobre los riesgos que presenta el tabaco, y esta ignorancia puede estar relacionada con el tiempo aproximado de 25 a 30 años que transcurre entre el comienzo del uso persistente del tabaco y las muertes reales atribuibles al hecho de fumar. Así, las autoridades y los encargados de las políticas de salud en el mundo en desarrollo quizá todavía no consideren el tabaco como una fuente de mortalidad y de morbilidad evitables. Referencias y notas Howard
Barnum, "The Economic Burden of the Global Trade in Tobacco," Tobacco
Control , Vol. 3 (1994), p. 359. |