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| RECURSOS MUNDIALES 2000 | Cuadro 1.4 |
Cuadro 1.4. Los niños son más vulnerables En todo el mundo, dos tercios de las enfermedades evitables provocadas por las condiciones ambientales tienen lugar entre los niños (1). Los niños más afectados pertenecen a las poblaciones pobres que viven en las áreas rurales y periurbanas de los países en desarrollo. En la actualidad, muchos de estos niños/as están expuestos no solo a peligros biológicos asociados a la falta de un medio ambiente limpio, sino también a productos químicos tóxicos y otros contaminantes que tienen su origen en un desarrollo incontrolado. Entre estos contaminantes se incluyen los agroquímicos, los productos químicos industriales como los policlorobifenilos (PCB), los metales pesados como el plomo y el arsénico, y una gran variedad de contaminantes atmosféricos. Estas sustancias han sido asociadas con los defectos de nacimiento, el cáncer y el debilitamiento del sistema inmunológico. El riesgo de contraer enfermedades relacionadas con el medio ambiente se ve alterado por varios factores, incluidos los antecedentes genéticos de una persona, el estado nutricional, la edad, el estilo de vida y el nivel de ingresos. La edad es un factor determinante de riesgo, ya que los procesos que determinan la exposición, la absorción, el metabolismo, la excreción y vulnerabilidad de los tejidos están todos relacionados con la edad. El metabolismo de los bebés y los niños difiere del de los adultos, lo mismo que sus procesos psicológicos y bioquímicos (2). La susceptibilidad -la capacidad de resultar afectados- es un factor clave para determinar los riesgos ambientales en los niños. Varía también entre las poblaciones diferentes, los grupos étnicos y los antecedentes genéticos, así como por la edad, la experiencia y el desarrollo. La combinación de una mayor susceptibilidad y una mayor oportunidad de exposición a un conjunto determinado de amenazas ambientales -como algunos plaguicidas y contaminantes atmosféricos- puede incrementar los peligros para la salud en los niños (3). La exposición a los agentes ambientales es el primer paso en la secuencia de los efectos en la salud relacionados con el medio ambiente. Las exposiciones a estos agentes pueden producirse incluso antes de la concepción, si la madre se expone a ciertos contaminantes que atraviesan la placenta, como el plomo o el mercurio. Las exposiciones varían dependiendo de la ubicación física de la persona, de las zonas de respiro, del consumo de oxígeno y de los patrones alimenticios y de comportamiento, todo lo cual puede cambiar varias veces antes de que un individuo alcance la edad adulta. Las fuentes y vías de exposición en los niños a las sustancias tóxicas son múltiples. Algunas exposiciones están relacionadas con el trabajo -cuando los niños trabajan en campos rociados con plaguicidas, por ejemplo, o cuando los padres llevan a casa residuos químicos en las ropas, o cuando los productos químicos a los que está expuesta la madre en el trabajo son transferidos a través de la leche materna al niño-. Y otras exposiciones pueden provenir de descargas en la atmósfera y el agua, de ciertos vertederos y en alguna ocasión de accidentes industriales (4). Puesto que tienen índices metabólicos más altos que los adultos, los niños respiran más aire -el doble por cada libra de peso corporal- que los adultos. Además, los niños respiran el aire que está más cerca del suelo, donde las concentraciones de polvo contaminado pueden ser más elevadas. Cuando los niños son más activos, inhalan más profundamente y pueden depositar los contaminantes en lugares más profundos de los pulmones que los adultos. Estas partículas se retienen y se absorben con mayor facilidad en los pulmones (5). La concentración máxima de contaminantes atmosféricos recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) habitualmente se sobrepasa en ciudades latinoamericanas como São Paulo y Río de Janeiro, en Brasil; Santiago de Chile y Ciudad de México. Aproximadamente 76 millones de personas en ciudades latinoamericanas están expuestas a niveles de partículas en suspensión más allá del máximo permitido. Anualmente en esta región se han atribuido a esta causa 3 millones de casos de tos crónica en niños (6). La mala calidad de aire en lugares cerrados es un factor importante en el desarrollo de enfermedades en el mundo en desarrollo, en particular entre las mujeres y los niños de bajos ingresos económicos, cuyas familias cocinan con combustibles de biomasa. Se calcula que en todo el mundo, 3 millones de muertes prematuras, en la mayor parte de los casos debidas a infecciones respiratorias agudas y crónicas, son atribuibles al aire contaminado; de estas muertes, 2,8 millones se deben a la contaminación atmosférica en locales cerrados y el 90 por ciento tienen lugar en los países en desarrollo (7). La exposición de los niños al plomo y los contaminantes orgánicos persistentes es otra preocupación especial. Aunque resulta evidente que muchos países desarrollados han reducido la exposición humana y los riesgos para la salud de los productos químicos como el plomo, el cadmio, el mercurio, el DDT y los PCB, en otras partes del mundo estos problemas no han sido abordados todavía (8). Los niños tienen también una mayor probabilidad de estar expuestos a niveles más elevados de tóxicos procedentes de los agroquímicos que los adultos. Los niños son especialmente vulnerables a los trastornos en la salud provocados por algunos agroquímicos. La susceptibilidad de un niño es mayor entre la concepción y la edad de 5 años, antes de que maduren los sistemas orgánicos y otras funciones, como la capacidad de desintoxicación del hígado y la capacidad de filtración del riñón. Puesto que esas células corporales se reproducen con rapidez, los niños pueden ser especialmente vulnerables a los carcinógenos. Igualmente, los niños pueden ser más susceptibles a la pérdida de la función cerebral si están expuestos a neurotoxinas durante los periodos críticos de desarrollo, como sugieren estudios sobre el plomo, el metilmercurio, los PCB y la dioxina (9). Puesto que la diversidad dietética de la mayoría de los niños muy jóvenes es baja -en leche materna, fórmulas infantiles y/o leche de vaca primero, y luego zumos de fruta junto con puré de frutas y vegetales antes de pasar a las comidas de mesa de sus padres- su exposición a los residuos agroquímicos en el agua y los alimentos puede ser a menudo más elevada que la de los adultos. Por ejemplo, los niños en los Estados Unidos comen hasta siete veces más de ciertas frutas en proporción con su peso (10). Se cree que los niños de los agricultores tienen un riesgo elevado de exposición a los plaguicidas. En especial en los países en desarrollo, los niños campesinos pueden trabajar en los campos con sus padres, y los bebés a veces son llevados y amamantados por sus madres mientras trabajan. Se ha encontrado leche materna contaminada por plaguicidas incluso en pueblos remotos de Papua Nueva Guinea y la India. Algunos estudios han mostrado que las mujeres en los países en desarrollo padecen la exposición más grande a los residuos de los plaguicidas (11). Está claro que los niños están expuestos a ciertos productos químicos en mayor medida que los adultos y que ciertos órganos y funciones biológicas son más susceptibles de daño durante fases específicas de su desarrollo. Sin embargo, la mala calidad de la información sobre el consumo de alimentos, más los datos inconclusos sobre los residuos y la toxicidad de los plaguicidas, hacen imposible establecer con cierta seguridad los riesgos sanitarios de los niños. Es probable, sin embargo, que allí donde se han establecido medidas generales para los niveles de exposición a los plaguicidas, puedan resultar inadecuadas para proteger a los niños. Referencias y notas 1. Organización
Mundial de la Salud (OMS), Health and Environment in Sustainable Development: 5
Years After the Earth Summit (OMS, Ginebra, 1997), p. 199. |