|
|
|
|
| RECURSOS MUNDIALES 2000 | Cuadro 1.3 |
Cuadro 1.3. La desnutrición La pobreza, que no es sólo insuficiente producción de alimentos, es la raíz de la desnutrición. Las
familias pobres carecen de recursos económicos, ambientales y sociales para
comprar o producir suficientes alimentos. En las áreas rurales, la escasez y la
degradación del suelo, la salinidad del agua debido al exceso de riego, las
sequías y las inundaciones pueden minar la capacidad de una familia para
cultivar suficientes alimentos. En las áreas urbanas, los salarios bajos, la
falta de trabajo y el subempleo, y los rápidos cambios en los precios de los
alimentos colocan a menudo los suministros de alimentos fuera del alcance de las
familias pobres. La guerra y los enfrentamientos civiles casi siempre causan
trastornos en el sistema de alimentación y a menudo dan como resultado
hambrunas generalizadas, como en las guerras civiles de Ruanda y Somalia. Las consecuencias sanitarias de una nutrición inadecuada son enormes. Según un
cálculo realizado, la desnutrición provocó aproximadamente el 12 por ciento
de las muertes totales en 1990 (2). Aunque gran parte de estas bajas se producen
por el infraconsumo proteíno-energético, las carencias de micronutrientes
claves como el yodo, la vitamina A y el hierro minan también la salud (3). La carencia de hierro es el trastorno más común de micronutrientes. En los países en desarrollo, el 40 por ciento de las mujeres que no están embarazadas y el 50 por ciento de las embarazadas están anémicas, y 3.600 millones de personas sufren carencia de hierro (6). El problema más grave se da en la India, donde el 88 por ciento de las mujeres embarazadas están anémicas. La anemia aumenta el riesgo de muerte por hemorragia en el parto. Las carencias de hierro pueden reducir también la productividad física y afectar la capacidad de un niño para aprender (7). Globalmente, unos 42 millones de niños de menos de 6 años tienen una carencia entre ligera y moderada de vitamina A. En su forma más grave, la carencia de vitamina A puede causar ceguera; de hecho, es la causa individual más importante de ceguera infantil en los países en desarrollo. Entre 250.000 y 300.000 niños se quedan ciegos anualmente, y entre el 50 y el 80 por ciento de ellos mueren en 1 año (8). Hasta 3 millones más de niños sufren efectos menores pero graves, como la pérdida de la visión nocturna. Se calcula que 254 millones de niños en edad preescolar están en riesgo de tener carencia de vitamina A (9). La carencia de yodo es la causa individual principal en el mundo de lesión cerebral y de retraso mental evitables. En 1990, unos 26 millones de personas sufrieron lesiones cerebrales asociadas a la carencia de yodo (10). Se calcula que 1.500 millones de personas están en riesgo de trastornos por carencia de yodo (TCY), y 655 millones están afectados por el bocio, que es un alargamiento de la glándula tiroides, un indicador de TCY (11). Donde esta carencia es endémica, la población entera puede resultar afectada, con diferentes síntomas en diferentes grupos de edades. En las mujeres embarazadas, por ejemplo, la carencia de yodo puede causar lesiones irreparables en el cerebro del feto que se está formando (12). La combinación de la desnutrición y las enfermedades infecciosas puede ser
especialmente perniciosa. La desnutrición proteíno-energética puede
deteriorar el sistema inmunológico, dejando a los niños desnutridos menos
capacitados para combatir las enfermedades comunes como el sarampión, la
diarrea, las infecciones respiratorias, la tuberculosis, la tosferina y la
malaria. La carencia de vitamina A empeora a menudo con las enfermedades
infecciosas; y de modo recíproco, un estado pobre en vitamina A es probable que
prolongue o agudiza el curso de una enfermedad como el sarampión (13). De modo
similar, los parásitos de la malaria, que necesitan hierro para multiplicarse
en la sangre, pueden causar o exacerbar la anemia (14). La desnutrición puede
aumentar también los impactos adversos de las sustancias tóxicas. La carencia
de proteínas y algunos minerales, por ejemplo, pueden influir de manera
significativa en la absorción del plomo y el cadmio en el cuerpo (15) (16).
Referencias y notas 1. Organización de las Naciones Unidas
para la Agricultura y la Alimentación (FAO), The Sixth World Food Survey (FAO,
Roma, 1996), pp. v-vi. |